lunes, 22 de agosto de 2022

 

Los mosquitos tienen mecanismos neuronales de seguridad para poder oler y picar a los humanos


Un grupo de científicos estadounidenses ha demostrado que estos insectos tienen una atracción "inquebrantable" hacia las personas

Un grupo de investigadores ha descubierto que los mosquitos han desarrollado dispositivos de seguridad redundantes en su sistema olfativo que aseguran que siempre puedan oler a los humanos, según publican en la revista 'Cell'.

Cuando las hembras de los mosquitos buscan un ser humano al que picar, huelen un cóctel único de olores corporales de las personas, que estimulan los receptores de la antena de los mosquitos. Los científicos han intentado eliminar estos receptores para que los humanos sean indetectables para los mosquitos.

Sin embargo, incluso después de eliminar del genoma de los mosquitos toda una familia de receptores sensibles a los olores, siguen encontrando la forma de picarnos.

"Los mosquitos rompen todas nuestras reglas favoritas sobre cómo huelen los animales", ha reconocido Margo Herre, científica de la Universidad Rockefeller (Estados Unidos) y una de las autoras principales del artículo.

UNA NEURONA OLFATIVA

En la mayoría de los animales, una neurona olfativa sólo es responsable de detectar un tipo de olor. "Si eres un humano y pierdes un solo receptor odorante, todas las neuronas que expresan ese receptor perderán la capacidad de oler ese olor", ha explicado Leslie Vosshall, del Instituto Médico Howard Hughes, profesora de la Universidad Rockefeller y autora principal del trabajo. Pero ella y sus colegas descubrieron que este no es el caso de los mosquitos.

"Hay que esforzarse más para acabar con los mosquitos porque deshacerse de un solo receptor no tiene ningún efecto", ha advertido. "Cualquier intento futuro de controlar los mosquitos mediante repelentes o cualquier otra cosa tiene que tener en cuenta lo inquebrantable que es su atracción hacia nosotros", ha asegurado.

"Este proyecto empezó realmente de forma inesperada cuando estudiamos cómo se codificaba el olor humano en el cerebro del mosquito", ha añadido Meg Younger, profesora de la Universidad de Boston y una de las autoras principales del trabajo.

 

Descubrieron que las neuronas estimuladas por el olor humano 1-octen-3-ol también son estimuladas por las aminas, otro tipo de sustancia química que los mosquitos utilizan para buscar a los humanos. Esto es inusual, ya que según todas las reglas existentes sobre el olfato de los animales, las neuronas codifican el olor con una especificidad estrecha, lo que sugiere que las neuronas del 1-octen-3-ol no deberían detectar las aminas.

"Sorprendentemente, las neuronas para detectar a los humanos a través de receptores de 1-octen-3-ol y de aminas no eran poblaciones separadas", ha señalado Younger. Esto puede permitir que todos los olores relacionados con los humanos activen "la parte de detección de humanos" del cerebro del mosquito incluso si se pierden algunos de los receptores, actuando como un mecanismo de seguridad.

 


jueves, 18 de agosto de 2022

 

El misterioso secreto sexual que avergonzó a Napoleón hasta su muerte

En una misiva rubricada en 1787, el 'Pequeño Corso' desveló que había perdido la virginidad con una meretriz tras una juventud dedicada a los estudios.



Sobre la vida sexual de Napoleón Bonaparte circulan mil y una historias. Se dice que, cuando llegaba al calor de su tienda después de un duro combate, escribía a Josefina de Beauharnais con una petición que sosegaba sus más bajos instintos: «Vuelvo en tres días. ¡No te laves!». Y como esta, otras tantas. Del Sire se ha escrito que era un adicto al sexo oral, que era un inepto en la alcoba o que carecía de la virilidad necesaria para satisfacer a sus esposas. Aunque, en su favor, habría que decir que la relación con su primer amor terminó de forma abrupta, por decirlo de manera suave.

Hoy resulta difícil saber hasta dónde llegan los tentáculos de las falacias. Sin embargo, en lo que al tema amatorio del Sire se refiere, existe una duda que sobresale por encima del resto y que trae de cabeza a los expertos: ¿Perdió Napoleón Bonaparte la virginidad con una prostituta? La cuestión navega en la incertidumbre por culpa de una carta fechada en noviembre de 1787. Una brevísima misiva en la que el 'Pequeño corso' narra el encuentro que mantuvo con una meretriz en París. «Este texto es tomado por la mayoría de los historiadores al pie de la letra, pero es posible que el relato sea ficticio, solo un ejercicio de imaginación de la pluma», explica el profesor de Historia Moderna Philip Dwyer en su obra 'Napoleon: The Path to Power 1769 – 1799'.

Nadie duda que el 'Pequeño Corso' fue un genio militar. Sin embargo, no le ocurrió lo mismo a nivel personal. Los expertos coinciden en que dedicó su infancia al estudio y dejó a un lado las relaciones sociales con hombres y mujeres. Todo apunta a que fue en noviembre de 1787 cuando perdió su virginidad. Y es que, el día 22, el mismo Napoleón Bonaparte escribió de su puño y letra una misiva para sí mismo (su objetivo no era publicarla) en la que dejaba patente que había yacido con una prostituta . En palabras del historiador Andrew Roberts, experto en la historia del Sire, la carta fue escrita en el hotel de Cherburgo (en la actual calle Vauvilliers ) bajo el título de 'Encuentro en el Palais Royal'.

Nuevas experiencias

Todo ocurrió, según parece, mientras el 'Pequeño corso' intentaba solucionar una serie de problemas legales relacionados con un invernadero que era propiedad de su familia. «Esta nota, escrita para sí, narra su encuentro con una prostituta a la que recogió en una zona de mala nota del centro de la capital, poblada de casas de juego, restaurantes y joyerías», añade el experto en 'Napoleón: una vida'. Reunirse con una meretriz no estaba bien visto en la época. De hecho, así definió Ramón de la Sagra a principios el siglo XIX la prostitución en su obra 'Notas de viaje, escritas durante una corta excursión a Francia, Bélgica y Alemania en el otoño de 1843':

«¿Y qué diremos de la prostitución ? De poco tiempo a esta parte, se estudia su estado, sus causas, sus progresos, y cada año transcurrido descubre una nueva llaga en este cuerpo gangrenado, que contagia ya a las clases ricas que de él se mofaban con infame desdén. Antes, la prostitución era hija inmediata de la corrupción de estas que la provocaba y de las miserias de las clases proletarias, que sucumbía: pero a lo menos, el deshonor evitaba el hambre. Ahora, en los distritos manufactureros de la Francia, la joven se prostituye para obtener trabajo, y después que lo consigue, tampoco la miseria la respeta».

 

En todo caso, Napoleón afirma en la carta escrita que conoció a la mencionada prostituta tras haber disfrutado de una buena ópera. «Acababa de salir de la Ópera Italiana y caminaba a buen paso por las callejuelas del Palais Royal». En sus palabras, era de noche y el frío acababa de tomar la capital. «Mi ánimo, agitado por los sentimientos vigorosos que le son naturales, era indiferente al frío, pero, cuando se apaciguó, sentí el rigor del clima y me refugié en las galerías».

Fue entonces, con el viento calándole los huesos en las cercanías del Palacio Real de París, la cuna de la cultura y sede de muchas de las meretrices galas, cuando se topó con una mujer que le cautivó. «Al atravesar las puertas de metal mis ojos se detuvieron en una persona del otro sexo». La chica era joven y bella. «La hora de la noche, su figura y su juventud no me dejaron duda de su ocupación. La miré y se detuvo, no con un aire imprudente común a las de su clase, sino de un modo que armonizaba con el encanto de su aspecto».

El joven y la meretriz

Napoleón, todavía un militar de medio pelo, se quedó asombrado por su belleza y, a pesar de que era (y había sido durante toda su juventud) torpe, introvertido y tímido con las mujeres, decidió intercambiar unas palabras con su nueva amiga. «Su timidez me envalentonó y le hablé. Le hablé yo, que soy más sensible que nadie al horror de su condición, que siempre me había sentido manchado incluso por mirar a una persona así. Pero su palidez, su fragilidad, su voz suave no me permitieron ni un momento de incertidumbre», añade en su carta.

Sin mayor duda, el 'Pequeño corso' se adentró con ella en los jardines del Palacio Real. Según él, para preguntarle si no podía disponer de una «ocupación más acorde con su salud». «No señor, hay que vivir», le respondió ella. Bonaparte, que habitualmente sentía cierto pavor ante las mujeres, le preguntó varias cosas. «Estaba admirado, al menos me había dado una respuesta, éxito que hasta entonces no había logrado», añade.

Lo primero que le preguntó Bonaparte a su nueva amiga fue su lugar de procedencia, por aquello de romper el hielo. Ella se limitó a espetar un escueto «Nantes». Luego, en vista de que la joven no mostró reparos en darle una respuesta, el 'Pequeño corso' le instó a que le informara de cómo había perdido la virginidad («Un soldado me echó a perder») y si esto le había molestado («Sí, mucho»). El último interrogante para ganarse su confianza fue cómo había llegado a París.

Habían conectado. Después, el futuro Sire decidió hacerle de una vez la pregunta que de verdad ansiaba: si quería acompañarle a sus aposentos para «entrar en calor y que pudiese cumplir sus deseos». Napoleón termina la misiva de la siguiente guisa: «Llegados a ese punto, no tenía intención de dejarme llevar por los escrúpulos. La había tentado para que no pensase en huir cuando la presionase con las razones que había expuesto ante ella, y no quería que empezase a fingir una honestidad que yo había querido demostrar que no poseía».

En palabras de Andrews, todo indica que este breve texto fue autobiográfico: «Aunque no estaba buscando un encuentro de esa naturaleza, el hecho de que considerase que era digno de mención sugiere que esa pudo ser la ocasión en la que perdió la virginidad . El método de conversación de descargar una andanada de preguntas era puro Napoleón».

Dudas y más dudas

De esta opinión son también los autores de 'Los últimos días de las reinas', donde se explica que, antes de acostarse con su primera esposa, solo había conocido el amor de una joven prostituta en el Palacio Real. «Fue el de la esposa de un representante en misión, si creemos sus palabras, y el de su novia, Désirée Clary, a la que, según se jacta en Santa Helena, le arrebató la virginidad». No obstante, algunos autores son contrarios a la idea de que yaciera con esta meretriz y afirman que el futuro Sire solo plasmó un texto ficticio sobre las líneas.

 ¿Qué lleva a los historiadores a creer que la carta de Napoleón pudo haber sido un mero relato de ficción? Al parecer, que desde su infancia Napoleón escribió decenas de pequeños relatos cortos en los que dejaba volar su imaginación. «Fue un escritor frustrado , autor antes de cumplir los treinta y seis años de unos setenta ensayos, piezas filosóficas, crónicas, tratados, panfletos y cartas públicas»,destaca Andrews.

No le falta razón al experto ya que, allá por 1786, Bonaparte rubricó un tratado filosófico sobre el suicido en el que mezclaba la oratoria de los grandes clásicos con tono nacionalista y, posteriormente, también creó un artículo de nada menos que 15.000 palabras cargando contra Rousseau (uno de los más destacados de su vida). En base a estos datos, autores como Dwyer ponen en duda la veracidad del contenido de la obra: «Este texto es tomado por la mayoría de los historiadores al pie de la letra, pero es posible que el relato sea ficticio, solo un ejercicio de imaginación de la pluma».



 

 

Salman Rushdie, la religión y la rabia a través del ojo científico de Dios

La teoría del principio del universo y de su expansión fue expuesta a principios de los años 30 por el sacerdote belga Georges Lemaître. Por si fuera poco, en alguna de las historias del Corán aparece el tiempo como percepción relativa, siglos antes de que Einstein formulase su teoría.

 

Por: MONTERO GLEZ

En lugar de lagunas de conocimiento, el fanático religioso tiene inundaciones de falsas creencias; naturalezas de fondo turbio donde se cataliza la infamia colectiva. Sirva como ejemplo lo de Salman Rushdie, una agresión que nos ha salpicado de sangre y de rabia, y cuyo origen se encuentra en el fanatismo de quienes muestran más interés en lo que creen saber que en lo que verdaderamente no saben.

Con todo, no venimos a hacer aquí un alegato contra las religiones. Nada más lejos, pues la religión y la ciencia pueden caminar juntas siempre y cuando no caigan en el dogma y permitan sitio a la duda, tal y como Einstein señaló en su momento con su aforismo: “La ciencia sin religión está coja, la religión sin ciencia está ciega”.

Con tales parámetros, el Papa Francisco arrancó su revolución vaticana hace unos años, cuando afirmó que el Big Bang es un fenómeno real y que “Dios no es un mago con una varita mágica”. Fue entonces cuando los fanáticos del catolicismo más rancio se rasgaron las vestiduras ante tales declaraciones, dejando a la vista sus inundaciones de incomprensión histórica, pues la teoría del principio del universo y de su expansión ya había sido expuesta a principios de los años 30 por el sacerdote belga Georges Lemaître cuando señaló el origen de todo en un punto donde el universo empezaba a expandirse y donde el espacio se llenaba con los restos del átomo primitivo tras su desintegración, despojos cósmicos que dieron lugar a la materia, al espacio y al tiempo. Con su teoría del átomo primigenio o “huevo cósmico” Georges Lemaître se convirtió en padre de la cosmología moderna.

Su biografía nos presenta a Lemaître como a un muchacho inquieto que tuvo que interrumpir sus estudios de Ingeniería de Minas para alistarse como artillero en la Primera Guerra Mundial. Cuando se reincorporó a la vida universitaria, una vez terminada la guerra, lo hizo matriculándose en Ciencias Físicas y Matemáticas, doctorándose en 1920 e ingresando en el seminario de Malinas. Tres años después, rozando la treintena, Lemaître se convirtió en sacerdote, siguiendo su carrera científica como alumno de Arthur Eddington (1882-1944) filósofo de la ciencia que entendía la materia como soporte del espíritu y no de otra manera. Por eso mismo, para Eddington, la ciencia y la religión eran compatibles siempre y cuando los fenómenos religiosos se pudieran demostrar a partir del método científico.

Ahora volvamos a la agresión sufrida por Salman Rushdie, porque si atendemos al islam hay que señalar que la lectura del Corán no está reñida con el progreso científico ni tampoco con el humor. Sólo los fanáticos carecen de sentido del humor para reírse de sí mismos. El islam en su origen fue sinónimo de progreso. De hecho, fue la ciencia islámica la que introdujo los números arábigos que hoy utilizamos para contar. Otro ejemplo de préstamo cultural es la palabra algoritmo, nombre latinizado del matemático persa Al-Juarismi (Algorithmi). Por decir no quede que en alguna de las historias del Corán aparece el tiempo como percepción relativa, siglos antes de que Einstein formulase su teoría.

Pero la falta de comprensión lectora y, sobre todo, la falta de conciencia crítica lleva a los fanáticos a creer que las novelas de Salman Rushdie ofenden a una religión. Si esto fuera así, la ofensa hacia esa religión sería aún mayor cada vez que un fanático asegura que el apuñalamiento al autor de Los Versos Satánicos ha sido por mandato divino.


jueves, 4 de agosto de 2022

 

El exitoso negocio de un científico mexicano que transforma residuos orgánicos en endulzante

Javier Larragoiti encontró en el olote de maíz una alternativa para su padre diabético y creó un emprendimiento sustentable que combate la obesidad y el cambio climático

Por: ANDRÉS RODRÍGUEZ

Se dice que un emprendimiento nace de una necesidad. Cuando Javier Larragoiti tenía 18 años, el año de su entrada a la universidad, su padre fue diagnosticado con diabetes, una enfermedad que, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, es la tercera causa de defunciones en México, superada solamente por las enfermedades del corazón y la covid-19. Pasaron los años y la salud de su progenitor se había agravado, ya que, según cuenta, es de esas personas que no cuidaba para nada su dieta. Esta necesidad le llevó a pensar en una solución para ayudarle a él y a otras personas que padecen esta afectación. Así, en 2018, cuando tenía 28 años, se convirtió en el fundador de Xilinat, una empresa que desarrolló un sustituto al azúcar que no es dañino para la salud y tiene un impacto social y ambiental positivo.

La primera solución que pasó por su cabeza fue la creación de una pastilla que hiciera que los alimentos supieran más dulces. “Eso ya existe en Japón. Nos ganaron, lo utilizan mucho para tomar sake (una bebida alcohólica con base de arroz)”, dice Larragoiti a América Futura. Al trabajar decidió no utilizar los sustitutos que hay en el mercado como splenda, sucralosa o estevia porque el sabor no le gustaba a su padre. En ese momento, su hermana estaba estudiando para ser odontóloga y le presentó un producto que se llama xilitol. Ella lo utilizaba en pacientes niños. En lugar de ponerles flúor les aplicaba esta alternativa porque una de sus propiedades es la protección de dientes contra la caries.

Desde que era niño, Larragoiti se veía a sí mismo con bata de laboratorio. Uno de sus programas favoritos fue El mundo de Beakman y su superhéroe favorito era Spider-Man porque debajo del disfraz estaba Peter Parker –un científico originalmente en el cómic y en la caricatura–. Es por esta razón que estudió ingeniería química y recurrió a su maestra, Lorena Pedraza, una profesional con 25 años de experiencia en el aprovechamiento de residuos agrícolas. Junto a la ingeniera química, que además es la primera socia de la compañía, comenzaron con la transformación de desperdicios orgánicos. “Fermentamos el olote de maíz y el resultado de este proceso es el xilitol, que después lo cristalizamos para la venta”, explica el ingeniero químico.

El proceso original para obtener xilitol utiliza la madera de abedul como materia prima y se extrae un carbohidrato que se llama xilosa que, según explica Larragoiti, los humanos no pueden metabolizar. Se recurre a una reacción química para transformarla en xilitol. En Xilinat disminuyen en 40% los costos de producción porque en vez de abedul utilizan la mazorca desgranada con un proceso de fermentación que disminuye los costos energéticos y de la materia prima. “El costo de producción de xilitol de abedul ronda, más o menos, entre los 3 y 3,5 dólares por kilo, nosotros estamos entre los 2 y 2,4. Ofrecemos el mismo sabor que el azúcar y beneficios a la salud como ayudar a la absorción de calcio en huesos, es bajo en caloría, es totalmente seguro para diabéticos, no se necesita insulina para metabolizarse, es keto porque es bajo en carbohidratos y protege de las caries”, agrega.

Cuatro años después de su fundación, Xilinat, que ya se comercializa en diferentes portales en Internet, en tiendas naturistas y algunas boutiques, preserva su espíritu social y ambiental. La empresa trabaja con 13 familias de San Bernardino Tlaxcalancingo, una población en el estado de Puebla, y de San Miguel Topilejo, un pueblo de la delegación Tlalpan ubicado al sur de la Ciudad de México. Un poco más de 63 personas son las encargadas de proveer el olote, materia prima de la cual se necesita siete toneladas, por las cuales se les paga 500 dólares para la producción de una de xilitol. Este año la empresa se ha trazado el objetivo de vender 12 toneladas de xilitol para las cuales necesitarán 36 toneladas de mazorca de maíz.

De este modo, Xilinat aporta, en cierta medida, a evitar la quema de residuos orgánicos a campo abierto, “los típicos montoncitos de olote que se queman y generan humo cuando se recorre la carretera”, que, según el director ejecutivo de la empresa, reduce seis toneladas de dióxido de carbono por cada tonelada de producto vendido. “De por sí ya estamos comprometiendo los recursos de generaciones futuras, entonces tenemos que hacer las cosas bien desde un principio y asegurarnos de disminuir nuestra huella ambiental. Parte del ADN [de la empresa] es que nos definimos como jipis con corbatas porque a todos nos interesa resolver problemas socioambientales, pero sin perder de vista que esto tiene que ser un negocio”, precisa.

Larragoiti, cuyo invento hizo que fuera incluido en 2017 en la lista de los principales innovadores de menos de 35 años del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), es consciente de que una de las principales barreras para introducir un producto de este tipo en la sociedad mexicana es la económica. “Lamentablemente este tipo de soluciones solo son accesibles para el 30% o 35% de la población, cuando la mayoría de problemas de salud graves están en el 60% restante. Tenemos un 40% que vive en pobreza extrema y eso es muchísimo. Para llegar a todos los sectores tendríamos que tener cierto apoyo del Gobierno, como pasa con el azúcar, en la parte de producción y así aminorar más costos y llegar a niveles de industrialización muy grandes, porque esto funciona como economía de escala, mientras más produzcas, tu costo de producción también va disminuyendo”, agrega. Un kilo de azúcar refinada cuesta alrededor de 60 pesos, mientras que uno del sustituto ronda los 300.

Para Xilinat, la mira sigue puesta en lograr la industrialización y quizá aún es “el reto más grande”. Retomando una de las motivaciones que llevó a Larragoiti a emprender, puede decir con seguridad que su padre ahora es un convencido de la calidad del producto que ofrece. De inicio, de cierta forma, fue un conejillo de indias y hoy es un caudillo del emprendimiento. “Ahora abusa, lo pone en yogurt, en fruta, como es saludable y con el mismo sabor. Además, tiene que estar convencido del producto. En mi casa nadie pone un sobrecito de splenda, está prohibido. Imagínate, vas a la casa del fundador y te ofrecen azúcar, qué imagen”, finaliza bromeando y sonriendo.

 

martes, 19 de octubre de 2021

 

En una ciudad con poca agua, la Coca-Cola y la diabetes se multiplican

 

Por Óscar LópezAndrew Jacobs 

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, México – María del Carmen Abadía vive en una de las regiones más lluviosas de México, pero solo tiene agua corriente cada dos días. Cuando sale un pequeño chorro de su grifo, está tan clorada, dice, que no puede beberse.

El agua potable es cada vez más escasa en San Cristóbal de las Casas, una pintoresca ciudad montañosa en el estado de Chiapas, en el sureste de México, donde algunos vecindarios tienen agua corriente solo unas cuantas veces a la semana y muchos hogares tienen que comprar pipas de agua extra.

En consecuencia, muchos habitantes se hidratan con Coca-Cola, que produce una planta embotelladora local y puede ser más fácil de conseguir que el agua embotellada, además de costar casi lo mismo.

En un país que se encuentra entre los mayores consumidores de bebidas azucaradas en el mundo, Chiapas es uno de los estados campeones: los habitantes de San Cristóbal y las frondosas tierras altas que rodean la ciudad beben en promedio dos litros de refresco al día.

El efecto en la salud pública ha sido devastador: la tasa de mortalidad por diabetes en Chiapas aumentó en un 30 por ciento entre 2013 y 2016, y ahora esta enfermedad es la segunda causa de muerte en el estado, tras las enfermedades cardiacas, pues cobra tres mil vidas al año.

«Los refrescos siempre han estado más disponibles que el agua», dijo Abadía, de 35 años, una guardia de seguridad que, al igual que sus padres, lucha contra la obesidad y la diabetes.

Vicente Vaqueiros, de 33 años, un doctor de la clínica en San Juan Chamula, un pueblo agrícola cercano, dijo que los trabajadores de la atención a la salud están batallando para lidiar con el rápido aumento de la diabetes.

«Cuando era niño y venía aquí, Chamula estaba aislado y no tenía acceso a la comida procesada», contó. «Ahora, ves a los niños tomando Coca-Cola en lugar de agua. Actualmente, la diabetes está afectando a los adultos, pero próximamente seguirán los niños. Nos rebasará».

Asolados por la crisis doble de la epidemia de diabetes y la escasez crónica de agua, los habitantes de San Cristóbal han identificado al que consideran el único culpable: la descomunal fábrica de Coca-Cola en uno de los confines de la ciudad.

La planta tiene permisos para extraer 419 774,3 metros cúbicos de agua al año ( 1 150 065,75 litros al día) como parte de un contrato con el gobierno federal firmado hace varias décadas y que los críticos dicen que es excesivamente favorable para los dueños de la fábrica.

La indignación ha crecido. En abril de 2017, manifestantes con los rostros cubiertos marcharon hacia la fábrica cargando cruces que decían «Coca-Cola nos mata» y exigieron que el gobierno cierre la planta.

«Cuando ves que las instituciones no están cumpliendo con algo tan básico como el agua y el saneamiento, pero tienes una empresa acceso seguro a una de las fuentes de agua de la mayor calidad que hay, pues claro que te causa un shock», dijo Fermín Reygadas, el director de Cántaro Azul, una organización que proporciona agua limpia a comunidades rurales.

Los ejecutivos de Coca-Cola y algunos expertos externos dicen que se ha calumniado injustamente a la empresa al culparla de la escasez de agua en la ciudad. Ellos, en cambio, responsabilizan a la urbanización veloz, una planeación deficiente y la carencia de inversión gubernamental, que ha dejado que la infraestructura de la ciudad se desmorone.

El cambio climático, dicen los científicos, también ha desempeñado un papel en el fracaso de los pozos artesianos que habían provisto agua para San Cristóbal durante muchas generaciones.

«Hoy día no llueve como antes», dijo Jesús Carmona, un bioquímico que trabaja en el centro de investigación científica local Ecosur, dependiente del gobierno mexicano. «Casi todos los días, de día y noche, era la lluvia».

La planta es propiedad de Femsa, un gigante de alimentos y bebidas que posee los derechos para embotellar y vender Coca-Cola en todo México y gran parte del resto de América Latina. Femsa es una de las empresas más poderosas en México; uno de los exdirectores ejecutivos de Coca-Cola en México, Vicente Fox, fue presidente del país de 2000 a 2006.

El TLCAN ha sido benéfico para Femsa, que ha recibido cientos de millones de dólares de inversión extranjera.

Sin embargo, en San Cristóbal, el TLCAN se ve ampliamente como un intruso no bienvenido. El primer día del año 1994, fecha en que entró en vigor el tratado comercial, rebeldes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional irrumpieron en San Cristóbal, le declararon la guerra al Estado mexicano y quemaron edificios gubernamentales.

Aunque al final ambos bandos firmaron acuerdos de paz, el sentimiento en contra de la globalización aún bulle en la región, una de las más pobres de México.

«Coca-Cola es abusiva y manipuladora», dijo Martín López López, un activista local que ha ayudado a organizar boicots y manifestaciones en contra de la refresquera. «Se llevan nuestra agua pura, la tiñen y te engañan en televisión diciendo que es la chispa de la vida. Luego toman el dinero y se van».

Los ejecutivos de Femsa dicen que la planta tiene muy poco impacto en el suministro de agua a la ciudad, y señalan que sus pozos son mucho más profundos que los manantiales superficiales que abastecen a los habitantes. «Cuando escuchamos, y leemos en los medios, que nos estamos acabando el agua, la verdad es que nos hace mucho cortocircuito», dijo José Ramón Martínez, un vocero de la empresa.

La compañía es también una importante fuerza económica en San Cristóbal, pues emplea aproximadamente a cuatrocientas personas y contribuye con cerca de 200 millones de dólares a la economía del estado, dijo Martínez.

Por su parte, los críticos dicen que el acuerdo entre Femsa y el gobierno federal, en el que este favorece indebidamente a la empresa, no le da nada bueno a la ciudad.

Laura Mebert, una socióloga de la Universidad Kettering, en Michigan, que ha estudiado el conflicto, dice que Coca-Cola paga una cantidad desproporcionadamente pequeña por sus privilegios respecto del agua -cerca de diez centavos de dólar por mil litros-.

«Coca-Cola paga este dinero al gobierno federal, y no al local», señaló Mebert, «mientras que la infraestructura de servicios para los habitantes de San Cristóbal está literalmente desmoronándose».

Entre los problemas que enfrenta la ciudad está la falta de tratamiento de aguas residuales, lo que significa que las aguas negras pasan directamente a las vías fluviales locales. Carmona, el bioquímico, dijo que los ríos de San Cristóbal están plagados de E. coli y otros patógenos infecciosos.

El año pasado, en un esfuerzo aparente por tranquilizar a la comunidad, Femsa inició conversaciones con los lugareños para construir una planta potabilizadora de agua que proporcionaría agua potable limpia a quinientas familias de la zona.

Sin embargo, en lugar de aliviar las tensiones, el plan condujo a más protestas por parte de los habitantes y obligó a la empresa a detener la construcción de las instalaciones.

«No estamos en contra de la planta potabilizadora», dijo León Enrique Ávila, profesor de la Universidad Intercultural de Chiapas, quien encabezó las protestas. «Solo exigimos que el gobierno cumpla con su obligación de proveer agua potable para sus ciudadanos. ¿Cómo vamos a permitir que la Coca lave sus pecados después de años de estar tomando el agua de San Cristobal?».

Desde que llegaron las botellas de Coca-Cola a este lugar hace medio siglo, la bebida se ha entrelazado profundamente con la cultura local.

En San Juan Chamula, un pueblo agrícola en las afueras de la ciudad, el refresco embotellado es el pilar de las ceremonias religiosas apreciadas por la población tzotzil de la localidad.

Dentro de la iglesia del pueblo, los turistas caminan con cuidado a través de alfombras de hojas frescas de pino mientras el incienso de copal y el humo de cientos de velas llenan el aire.

Sin embargo, el mayor atractivo para los visitantes es mirar a los devotos rezar ante botellas de Coca-Cola o Pepsi, así como ante pollos vivos, que a menudo se sacrifican ahí mismo.

Muchos tzotziles creen que las bebidas carbonatadas tienen el poder de curar a los enfermos. Mikaela Ruiz, de 41 años, una lugareña, recuerda cómo el refresco ayudó a curar a su bebé, que estaba débil por haber tenido vómito y diarrea. La ceremonia fue conducida por su madre diabética, una curandera tradicional que ha llevado a cabo ceremonias con refresco durante más de cuarenta años.

Para muchos en San Cristóbal, la ubicuidad de la nada costosa Coca-Cola -y la diabetes que acecha en casi todos los hogares- simplemente agrava su enojo en contra de la refresquera.

Los defensores de la salud locales dicen que las agresivas campañas publicitarias de Coca-Cola y Pepsi que comenzaron en la década de los sesenta ayudaron a insertar las bebidas carbonatadas y azucaradas en las prácticas religiosas locales, que mezclan el catolicismo con rituales mayas. Durante décadas, las empresas produjeron anuncios espectaculares en las lenguas locales, a menudo usando modelos que vestían la ropa tradicional tzotzil.

Aunque Coca-Cola ya descontinuó esas campañas, Martínez, el vocero de Femsa, las describió como «un gesto de respeto hacia las comunidades indígenas».

También rechazó las críticas sobre que las bebidas de la empresa han tenido un impacto negativo en la salud pública. Es posible que los mexicanos, dijo, tengan una proclividad genética a desarrollar diabetes.

Aunque la investigación científica en efecto sugiere que los mexicanos de ascendencia indígena presentan tasas más altas de diabetes, los activistas locales dicen que esto aumenta la responsabilidad de las trasnacionales que venden productos con un alto contenido de azúcar.

«Los indígenas comían alimentos muy simples», dijo López, el activista, que pasó años viviendo con comunidades rurales como misionero. «Y cuando llegó Coca-Cola, su cuerpo no estaba listo para ella».

Abadía, la guardia de seguridad, dijo que se culpa a sí misma por tomar tanto refresco. Aun así, mientras la salud de su madre se deteriora y después de haber visto a su padre morir por complicaciones de la diabetes, no puede evitar preocuparse por su propio bienestar.

«Me inquieta terminar ciega o sin una mano o un pie», dijo. «Tengo mucho miedo».