viernes, 16 de junio de 2017


¿Cae tu cumpleaños siempre entre semana? Las matemáticas del calendario

El Calendario Gregoriano

El problema del calendario es un problema casi tan antiguo como la humanidad. En el tiempo actual el tema de cómo hacer un buen calendario puede parecer una mera curiosidad, pero durante la mayor parte de nuestra existencia fue un problema de supervivencia. Si vives en el entorno natural, sin iphones ni supermercados, tienes que saber cuándo se aproxima el invierno. Hay que decidir cuándo plantar y cuándo recolectar, cuándo van a migrar o invernar los animales o cuándo tus escasas reservas ya se están agotando.
Esto llevó a nuestros antepasados a mirar a las estrellas y la posición del Sol, y así intentar predecir estos eventos. Así nació la astronomía, y con ella la ciencia. Tampoco era fácil llevar la cuenta de los días que iban pasado, por lo que se utilizó la ingeniosa técnica de construir monumentos que preservaran la información. Uno de los más famosos es Stonehenge, que fue construido entre el año 2000 y 3000 a.c. en Inglaterra. Este monumento tenía interés funerario, pero al parecer también astronómico. En los días más relevantes del calendario, como el solsticio de invierno, el Sol y la Luna salen por puntos concretos del monumento, permitiendo así a sus constructores identificar en qué momento del año se encontraban.
Con el desarrollo de las matemáticas y la escritura se hizo obvia la necesidad de un calendario. Ya que el año tenía un número de días que parecía constante sería cuestión de determinarlo y simplemente contar. El primer calendario que se extendió a nivel mundial lo instauró Julio César en el año 46 a.c., y se denominó Calendario Juliano. Este calendario constaba de años de 365 días, divididos en 12 meses, y añadía un día bisiesto cada 4 años. Así el año tenía 365,25 días. Este calendario duró unos 1600 años sin modificación. En el siglo XVI se realizaron dos estudios que mostraron que este calendario tenía un error imperdonable. Los equinoccios (Momento del año en que el Sol forma un eje perpendicular con el ecuador y en que la duración del día es igual a la de la noche en toda la Tierra), y por ende el resto de los días, se retrasaban aproximadamente tres días cada 400 años. Puede parecer poco, pero los efectos acumulativos terminan por notarse. Así, el equinoccio de primavera del año 325 ocurrió el 1 de marzo. En el año 1582 ese mismo equinoccio tuvo lugar el 11 de marzo. Como la pascua dependía de ese evento el Papa Gregorio consideró esto relevante e impuso un nuevo calendario. Este es el calendario vigente en la actualidad y se denomina Calendario Gregoriano.
El Calendario Gregoriano solucionó el problema de los equinoccios modificando la regla de los años bisiestos. En el Calendario Juliano hay un año bisiesto cada 4 años, por lo que la duración media del año es de 365,25 días. Ocurre que el año solar tiene realmente una duración de 365,242189 días. Esta es una diferencia pequeña en torno al 2 % (11 minutos al año) pero que se acumula con el tiempo y da lugar al desfase. El Calendario Gregoriano  modifica la regla del bisiesto haciendo que sean cada cuatro años siempre que el año no sea múltiplo de 100. A esta regla se la añade otra excepción, los múltiplos de 400 sí son bisiestos. Esto hace que el calendario Gregoriano tenga un año de 365,2425 dias. Lo cual significa que se retrasa sólo un 0,008 % (26 segundos al año).
Veamos un ejemplo, el año 2000 sí fue bisiesto, ya que es múltiplo de 400 pero el año 2100 no lo será por
 ser divisible entre 100 pero no entre 400. Esto lo podemos comprobar con un generador online de calendarios

jueves, 15 de junio de 2017


Las madres que revivieron la industria del camarón en Tumaco

Desde hace dos años, una camaronera y una asociación compuesta por 145 mujeres cabeza de hogar de Tumaco trabajan juntas para desarrollar un proyecto de innovación. Así funciona la alianza con la que quieren cambiar el estigma de la región.

En 2006 la empresa en la que trabajaba Luis Alberto Rosas cerró sus puertas en Tumaco a causa de un virus que arrasó con el cultivo de camarón que tenía instalado en la zona. De 52 empleados, Luis Alberto fue el último en salir. Al poco tiempo decidió volver y hacerse cargo de las instalaciones que habían dejado atrás: una planta de procesamiento, un laboratorio de larvicultura y una finca de cultivo y engorde. En ese entonces, las más de 100 mujeres que se dedicaban a transformar el camarón en la planta –es decir, a descabezar, pelar y limpiar el animal– se convirtieron en sus primeras aliadas.

“Nosotros vimos morir una empresa. Vimos lo agonizante que es que el lugar de donde uno ha obtenido el sustento para solventar los gastos del hogar se acabe. Es una cosa horrible, uno cree que se le acaba el mundo”, dice Luis Alberto. Hoy, cuenta que esa crisis le dio la oportunidad de crear Tumako Fish, la empresa que fundó en 2012 junto con dos socios que se dedicaban a comercializar en el interior del país el camarón que salía de este puerto del Pacífico. Pero también le permitió acercarse a las 145 mujeres cabeza de hogar que aceptaron trabajar con él desde el comienzo, cuando la plata apenas le alcanzaba para comprar la materia prima. A ellas les propuso hace dos años que se asociaran para crear Asmudepaz, la Asociación de mujeres semillas de paz, perlas del Pacífico.

La mayoría de las mujeres que trabajan en la asociación cargan con un pasado en común. Casi todas tuvieron que abandonar sus tierras a causa de la guerra que se desató hace más de 20 años entre guerrilleros y paramilitares por el control de este pedazo del departamento de Nariño. En Tumaco, cuatro de cada diez personas son víctimas del conflicto armado. Es decir, en una población de 204.000 habitantes, al menos 88.000 están registrados en la Unidad de Víctimas. Quienes no sufrieron el conflicto en carne propia conviven con las 16.960 hectáreas de coca que hay distribuidas a lo largo de sus 3.778 kilómetros de extensión. Según el más reciente reporte de Naciones Unidas, hasta junio del año pasado este municipio ocupaba el primer lugar en hectáreas de coca cultivadas en todo el país.
En la práctica, su alianza está basada en dos tipos de relaciones de trabajo. En primer lugar, y respetando el origen de su relación, la asociación le vende el servicio de procesamiento de camarón a Tumako Fish. Esto quiere decir que las mujeres continúan trabajando todos los días en distintos turnos dentro de la planta de procesamiento, tal como lo hacían antes, pero reciben el pago de forma conjunta. A modo de incentivo, Tumako Fish contribuye con el 5 por ciento de la facturación a un fondo común para aportar al sostenimiento de la asociación. “Lo que hacemos es fortalecer su propia empresa para que se vuelvan competitivas; que puedan vender ese servicio a otras empresas y diversificar su oferta”, explica Luis Alberto.

La segunda parte de su alianza tiene que ver con el manejo de tanques especiales para el cultivo hiperintensivo de camarón. Ambas empresas administran 20 tanques con capacidad para 200 toneladas de camarón cada uno, en donde el 30 por ciento de las ganancias le corresponden a Asmudepaz, y el 70 por ciento a Tumako Fish. En esta labor, la asociación se encarga de aportar la mano de obra, mientras que la empresa responde por el manejo técnico y los insumos. La clave de este sistema –explica Luis Alberto– está en que mientras en una hectárea a campo abierto se pueden producir 750 kilogramos de camarón, en un solo tanque pueden cosecharse hasta 1.200 kilogramos. En otras palabras, con este método producen más camarones en menos espacio con la ventaja de que lo hacen en un ambiente controlado para evitar que factores externos afecten el cultivo.

Así, Tumako Fish logra producir 468.750 kilogramos de camarón al año que van a parar a distintos puntos de venta en el interior del país. Este año, la meta de la empresa es exportar al menos un contenedor de productos con valor agregado bajo una marca social a Estados Unidos. En cuanto a Asmudepaz, esperan alcanzar los topes de productividad que se fijaron desde el comienzo del proyecto, y llegar a ampliar sus servicios a otras partes del proceso de producción. Para esto ambas organizaciones crearon un comité en el que sus representantes se reúnen para negociar y discutir acerca de nuevas posibilidades de trabajo.

“Esto va a ser un éxito más adelante. Si así como vamos arrancando, sigue, créame que vamos a tener futuro”, afirma Emilse Palma, quien además de ser veedora del proyecto por parte de la Asmudepaz es presidenta de la Junta de Acción Comunal de su sector. Por eso, cuando Emilse piensa en un consejo que le daría a alguien que estuviera en una situación parecida a la suya hace algunos años responde sin dudar: “Yo le diría a la madre que quiera meterse en un proyecto que le haga. Que uno en esta vida no puede quedarse no más con una cosita que aprendió. Con lo poco que aprendió en la casa o en el barrio. Tiene que sacar fuerzas de donde no las hay y salirse de ese conflicto, de ese encierro, y buscar alternativas”.

De cara al futuro, ambas organizaciones coinciden en que lo más importante es lograr la sostenibilidad de su unión. Mientras tanto, esperan que el proceso de paz se consolide en Tumaco y traiga nuevas oportunidades de empleo. Esa es –dicen ellos– la mejor forma de paz que conocen.

Así se produce el camarón

1. Producción de larvas
La semilla de camarón es producida en procesos genéticos en un laboratorio por parte de técnicos especializados en la larvicultura. En el caso de Tumako Fish, esta etapa contempla el uso de probióticos para el mejoramiento de la salud del animal.

2. Cultivo del camarón

Las larvas de camarón son depositadas en piscinas construidas en fincas adecuadas a la cría de camarón en cautiverio. En el caso de Tumako Fish, este paso también tiene lugar en tanques diseñados para albergar mayor cantidad de animales en menos espacio. El éxito de esta etapa está en asegurar que el camarón tenga suficiente espacio para crecer, y en aislar el ecosistema de posibles amenazas externas como los virus.

3. Transformación 

Una vez alcanzan la talla comercial, los camarones pasan por un proceso de descabece, pelado y desvenado antes de ser clasificados y empacados para su congelación. Esta etapa se realiza generalmente manualmente por parte de empleados cumpliendo con mediciones de calidad a lo largo del proceso.

4. Comercialización

Una vez el producto está empacado y clasificado pasa a ser comercializado. En el caso de Tumako Fish, esta parte del proceso se hace a través de un aliado comercial a nivel nacional.

martes, 13 de junio de 2017


Puerto Rico vota a favor de convertirse en el estado 51 de Estados Unidos

El 97, 18 % de los votantes, poco más de medio millón de puertorriqueños, escogió la opción de estadidad con el 99 % de los votos escrutados, según el reporte de la Comisión Estatal de Elecciones de la isla. La consulta contó con tan solo el 23 % de participación.

Puerto Rico votó este domingo a favor de convertirse en el estado 51 de Estados Unidos en un referendo no vinculante que contó con baja participación.
El 97,18 % de los votantes, poco más de medio millón de puertorriqueños, escogió la opción de estadidad con el 99% de los votos escrutados, según el reporte de la Comisión Estatal de Elecciones de la isla.
La consulta contó con tan solo 23 % de participación. De los 2.260.804 habilitados para votar, acudieron a las urnas casi 518.000 ciudadanos.
A los votantes se les preguntó si quieren que Puerto Rico sea el estado número 51 de Estados Unidos, si preferían que obtenga la independencia definitiva o si estaban de acuerdo en que siga siendo un territorio autónomo de Estados Unidos, como hasta ahora.
La opción de independencia obtuvo el 1,5 % de los votos y la del actual estatus territorial 1,32 %.
El referendo fue convocado por el gobierno de la isla en el contexto de crisis económica, que algunos atribuyen, al menos parcialmente, al estatus jurídico inusual de Puerto Rico, a medio camino entre la independencia y la plena estadidad.
Sin embargo, a pesar del voto de este domingo la decisión final no está en manos de los puertorriqueños, sino que debe ser tomada por el Congreso de EE.UU.
Reacciones encontradas
El gobernador de la isla, Ricardo ‘Ricky‘ Rosselló, quien hizo campaña a favor de la estadidad, dijo en una alocución que el resultado del plebiscito es un llamamiento a "poner fin a la relación colonial con Estados Unidos".
"Nos corresponde ahora llevar esos resultados a Washington con la fuerza que representa el cumplimiento de un ejercicio democrático", continuó.
El funcionario había dicho previamente que la estadidad es necesaria para resolver la actual recesión económica que afecta a Puerto Rico, la peor en décadas, con una tasa de pobreza del 45 %, un desempleo que dobla la media de Estados Unidos y una población que decrece por la emigración al territorio estadounidense continental.
La oposición, por el contrario, calificó la consulta popular como una "derrota" para Rosselló por la baja participación de los votantes.
"(Los electores) se fueron a la calle, a la playa, al río. No hicieron caso. Perdió la estadidad y Rosselló", dijo en una conferencia de prensa el presidente del principal partido opositor, Partido Popular Democrático (PPD), Héctor Ferrer.

La quinta vez

Este domingo los puertorriqueños votaron por quinta vez qué relación política desean tener con Estados Unidos.
Otros referendos se celebraron en 1967, 1993, 1998 y 2012.
En el referéndum no vinculante celebrado en 2012, por primera vez, una mayoría de los votos válidos fueron emitidos por la opción de la estadidad.
Pero cerca del 30 % de todos los participantes en esa elección depositaron en las urnas votos en blanco o no válidos, situación que generó dudas sobre la legitimidad política del voto.
El Congreso de Estados Unidos no actuó sobre el resultado de ese referéndum.
La crisis económica en la isla ha provocado grandes déficits gubernamentales, severos recortes en los servicios públicos, un aumento de las tarifas de los servicios y de los impuestos sobre las ventas, así como protestas contra las autoridades locales y federales

Problemas financieros

El gobierno de la isla dice que no puede cumplir con todas sus obligaciones de deuda, que se estiman en USD 72.000 millones.
A principios de mayo Ricardo Rosselló anunció que la isla se declaraba en quiebra con el fin de reestructurar esa multimillonaria deuda.
Los defensores de la estadidad señalan que las leyes de Estados Unidos han permitido que otros gobiernos locales fuertemente endeudados busquen la protección de las leyes de bancarrota para defenderse de sus acreedores.
Pero Puerto Rico tiene menos medios de defensa legal por no ser un estado pleno de la Unión estadounidense.

lunes, 12 de junio de 2017


Un indigente logra un techo gracias al éxito de su libro

Jean-Marie Roughol ha vendido más de 40.000 ejemplares de su obra, en la que desgrana sus más de 20 años pidiendo limosna

La salvación de Jean-Marie Roughol fue una frase de desprecio viajando hacia los oídos adecuados. Este indigente parisino pedía limosna en los Campos Elíseos cuando vio cerrar el candado de su bicicleta a Jean-Louis Debré, exministro del Interior y uno de los políticos más reputados de Francia. Roughol lo reconoce y le propone vigilársela mientras el dirigente entra a un complejo de tiendas. La breve conversación atrae la atención de una pareja. "¿Has visto? ¡Debré está hablando con un vagabundo!", le suelta él a ella en tono burlón. Lo oyen, y en un impulso de rabia, Debré le espeta la frase que lo cambiaría todo. "Escucha Jean-Marie, yo creo que tú tienes mucho más que contar que esa gente. Escríbeme tu historia. Escríbeme tu vida. Escríbeme un libro. Yo lo corregiré y encontraré un editor".
De ese encuentro fortuito con el antiguo ministro allá en 2013 salió a la luz dos años después una obra: Pido limosna: una vida en la calle, que ha vendido más de 40.000 ejemplares. Su éxito le llevó a entrar en la lista de los más vendidos en Amazon Francia y a ser traducido al chino, el coreano o el checo. Fue el inicio de un cambio de vida. Roughol tiene un techo desde que cobró los derechos de autor el año pasado. Un giro radical para un hombre que a sus 49 años ha habitado en esa despiadada trituradora de personas llamada calle la mayor parte del tiempo en las dos últimas décadas y ha salido con vida.
En su vivienda parisina, un pequeño estudio por el que paga 530 euros al mes de alquiler, la cafetera ruge. Roughol presume de fumar menos y enciende un cigarrillo cada veinte minutos. El debate político resuena en la televisión ante la inminencia de las elecciones. El izquierdista Jean-Luc Mélenchon es su preferido. "Un hombre que piensa en los desfavorecidos", le alaba. En la pared, sobre un mapa de París, aparecen señalados más de una decena de emplazamientos. Son los lugares donde ha ejercido la mendicidad.
El relato de Roughol, tanto en las páginas de su libro como de viva voz, es la historia de un buscavidas. Días y noches al raso. Las avenidas y bulevares de París, tan agradecidos con el viajero de paso, convertidos en armas mortíferas para sus inquilinos. De sus inhóspitas calles se refugia en andenes de metro habitados por ratas del tamaño de gatos y toxicómanos con la mirada perdida que algunas noches gritan entre delirios. También en los huecos de la escalera de cualquier edificio, de donde lo echan de malos modos; en casas ocupadas sobre las que pende la amenaza de la llegada de la policía; en hostales plagados de cucarachas; bajo los cartones en cualquier esquina, o en albergues nauseabundos en los que apenas pega ojo víctima de robos y de la sinfonía de gases y ronquidos ajenos. A veces sube al último metro, se esconde bajo los asientos cuando todos los pasajeros salen, y al llegar el vehículo al garaje donde pasa la noche, sale de su guarida y se tumba a dormir en el vagón vacío, protegido de la inclemente meteorología.
Su primera noche en la calle, desorientado, sucio, recién retornado de hacer el servicio militar, sin haber cumplido aún los 20 años, sin familia ni trabajo, la pasa entre los arbustos del parque parisino de Buttes-Chaumont, oculto a los ojos de los guardias. Al día siguiente descubre las duchas públicas y trucos para procurarse comida. "Rebuscaba en las papeleras. Las cercanas a panaderías y tiendas de alimentación eran las mejor surtidas. Encontraba pan, dulces todavía envueltos o frutas".
Como recuerda entre sorbo y sorbo, cada jornada era para él un nuevo aprendizaje en el arte de sobrevivir. No son raros sus encontronazos violentos por el territorio. Sobre todo con bandas del Este. Toma consciencia de los peligros y empieza a llevar encima una navaja o un bastón para protegerse. "Si quieres echarme tendrás que matarme", dice a los que tratan de expulsarle de la zona donde pide limosna. Allí le acompañan amigos con los que forma un grupo digno de Los Miserables de Victor Hugo. Patrick, el hombre callado que solo da los buenos días. Gilles, el inventor de historias inverosímiles. Los veranos son la peor época. Deshidratado bajo la tiranía del sol y con los contribuyentes habituales de vacaciones, descubre que los turistas son un mal negocio para el sintecho. Nada que ver con el maná de la Navidad.
Antes de publicar el libro, en los días más productivos recauda unos 60 euros. En su camino se topa con lo peor de la condición humana. "No queremos vagabundos en Francia", le gritan entre insultos. A la vez constata la existencia de pequeños milagros: el desconocido que le da 300 euros. El bar que le permite comer gratis. Las anónimas manos que dejan una moneda en su vaso.
Cuando Debré le propuso escribir el libro, su primera reacción fue de vértigo. "No sé escribir, tengo faltas de ortografía", le advirtió. Pero dijo sí. Durante un año y medio alternó la escritura con el vaso extendido al viandante a modo de súplica. En ese tiempo vuelve sobre recuerdos lejanos y recientes. El vagabundo escribiendo en un parque o un café. El vagabundo haciendo memoria del abandono de su madre a los cinco años, de las brutales palizas de su padre, un camionero alcohólico, y del maltrato de los padres adoptivos con los que convivió temporalmente. El vagabundo, entonces niño, inventándose el regalo de cochecitos en Navidad para no ser el único del aula en admitir que Papa Noel no fue a su casa. El vagabundo recordando el día en que dos hombres intentaron robarle la mochila cuando pedía limosna y logró echarlos a golpes.
Llena cuadernos y se reúne con Debré en cafés de París, donde lo invita a comer mientras discuten sobre el texto. Alguna vez se ven en su elegante despacho del Consejo Constitucional y Roughol se mueve impresionado entre sus majestuosas estancias doradas. El político lo entrevista durante horas para llenar las lagunas de su historia. En ella hay momentos en los que parece salir del agujero con trabajos temporales, reparando averías como electricista o preparando crepes junto a los clubes de striptease de Pigalle. Con sus empleadas comparte lecho alguna noche. También hay momentos oscuros: fue detenido y multado por robar en una casa, aunque no entró en prisión.
La vida de Roughol es ahora cómoda. Duerme caliente, come caliente, se ducha caliente. Y de ser parte invisible del mobiliario urbano ha pasado a recorrer los estudios de radios y televisiones. La fama no ha zanjado la inquietud sobre su futuro económico más allá del libro. Dice que por eso cada mañana se lanza a la calle y sigue pidiendo dinero a los viandantes. Más aseado y mejor afeitado que tiempo atrás.
En el camino hacia el lugar habitual donde pide, un indigente se le acerca intuyendo en él a un personaje importante al ver que está siendo grabado por un cámara para este reportaje. Huele el dinero. Le implora unas monedas para un café y Roughol, que se sabe observado, se las da y le cuenta que él también es un hombre de la calle tendiéndole su libro como prueba. El joven le observa con incrédula admiración y se despide de él con un apretón de manos.
En la cálida forma de saludar y relacionarse con los que están habituados a verle pedir en la calle se atisban en Roughol motivaciones que desbordan la cuestión financiera. Reconoce que le empuja una cierta nostalgia. Como el preso que quiere regresar a prisión porque añora a sus compañeros de celda o simplemente porque el ser humano es un animal de costumbres. Porque como ha conocido en la persona de algunos de sus compañeros de periplo (muertos de frío, accidentes o enfermedades) la calle mata, pero es el centro de un inagotable universo de estímulos que ahora no encuentra en el silencio de su pequeño apartamento.
Entre sus paredes, dedica las tardes a escribir la adaptación de la obra al teatro buscando prolongar el éxito que le sacó de las esquinas. Ha descubierto que las palabras, mezcladas de una determinada manera, también pueden salvar vidas. "Si no hubiera escrito el libro, seguramente yo también habría muerto en la calle".


viernes, 9 de junio de 2017


En Qatar, ni dólares ni pollo

Los residentes y las empresas radicadas en el país desértico empiezan a evaluar el coste del cierre de fronteras.

 “Ni dólares, ni pollo”, suspira la filipina Anita ante el quinto cambista que le dice no tener divisas. Un cartel lo advierte en la ventanilla, pero ella ha querido cerciorarse. No necesita saber que una agencia de calificación de riesgos ha rebajado la nota de Qatar para intuir que le conviene proteger los ahorros que estaba guardando para su viaje a casa este verano, sus primeras vacaciones en dos años. Ayman, el empleado egipcio que la atiende, simpatiza con ella. Aunque Doha ha dicho que no va a expulsar a los 300.000 egipcios que trabajan en el emirato, se ha quedado sin embajada, vuelos directos o forma de transferir dinero a su familia.
Los cataríes se quejan de que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU) les están sometiendo a un bloqueo desde que el lunes pasado cortaron relaciones diplomáticas con su país. Pero los efectos inmediatos también se están dejando sentir entre los extranjeros que suponen el 90% de los 2,7 millones de habitantes del pequeño Estado del golfo Pérsico. En algunos casos, se trata de verdaderos dramas familiares.
J. al M. es un profesor universitario emiratí que acababa de recibir un ascenso en su departamento. Aunque la oferta sigue sobre la mesa, sus compañeros le han aconsejado que regrese a Emiratos porque, de quedarse, podría llegar a perder la nacionalidad. El problema es que su esposa, palestina, carece de pasaporte. Hatum al Fassi, la conocida feminista saudí, también se enfrenta a una situación parecida. Volver a su país antes de que venza el plazo de dos semanas que han dado las autoridades de Riad y Abu Dhabi, significa no sólo quedarse sin trabajo, sino que sus hijos pierdan los exámenes finales y el curso.
“La ausencia de divisas y de algunos alimentos es fruto de la inicial reacción de pánico más que de verdadera escasez”, apunta un analista, convencido de que los cambistas guardan reservas de moneda extranjera. Los estantes de los supermercados, que se vaciaron tras conocerse el castigo de los vecinos, vuelven a estar llenos, aunque falten productos concretos, como los lácteos del gigante saudí Almarai o el pollo traído desde EAU.
Qatar, un país desértico, importa el 90% de sus alimentos, y como en el caso de los materiales de construcción, lo hacía en gran medida a través de la frontera terrestre con Arabia Saudí y del puerto emiratí de Yebel Ali, donde las mercancías eran trasladadas a barcos más pequeños. La primera está cerrada y el segundo ha dejado de dar servicio a los navíos procedentes o con destino a Doha. Las autoridades cataríes se han apresurado a poner en marcha un plan de seguridad alimentaria y buscar fuentes de abastecimiento alternativas. Aseguran tener reservas para 10 meses. Ya han llegado a los súper nuevas marcas turcas.
“Mira qué oportuno”, señala un residente sirio mientras muestra una foto de un estante lleno de huevos Al Badailah (los alternativos, en árabe), “es la primera vez que los veo”.
Al parecer, Qatar Airways ha suspendido el traslado de caballos que realiza en esta época del año para dedicar los aviones a importar suministros. Anécdotas aparte, nadie sabe cuánto dinero ha salido del país en estos días, o cuánto está costando mantener el abastecimiento. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha dicho que es demasiado pronto para estimar el impacto del daño. De momento, las exportaciones de gas natural licuado (LNG), la fuente de la riqueza de Qatar, no se han visto afectadas, según los analistas. No obstante, la agencia de calificación de riesgos Standard & Poor ha rebajado la nota del emirato ante el aumento de su vulnerabilidad.
La aerolínea de bandera es el ejemplo más visible del perjuicio, justo en un momento en que como el resto de la zona pasaba por un bache por la caída de los precios del petróleo. El cierre del espacio aéreo de sus vecinos (Bahréin en el noroeste, Arabia Saudí en el sur-suroeste y EAU en el este) sólo le deja un estrecho corredor de salida hacia Irán, en el norte. Al dolor de cabeza de reorganizar el tráfico aéreo, se suma el coste extra de combustible por el obligado rodeo para llegar a sus destinos en Europa y la cancelación de todos los vuelos con esos países (más Egipto), 70 en totalsegún Al Jazeera. “Nuestras operaciones globales no han sido afectadas”, ha declarado el presidente de la compañía, Akbar al Baker, pero a nadie se le escapa que sus competidoras, las emiratíes Emirates y Etihad tratarán de beneficiarse.
El primer golpe también ha afectado al turismo. Los saudíes, principal mercado de la estrategia catarí que busca distanciarse del modelo Dubái, han cancelado sus reservas para el Eid, los tres días de fiesta con que se pone fin al mes de ayuno de Ramadán. Pero la preocupación va más allá de las próximas semanas. Con el Mundial 2022 en el horizonte, las obras no pueden retrasarse y si la crisis continúa, terminará habiendo desabastecimiento.
Los contratistas están especialmente intranquilos. El Ministerio de Obras Públicas les ha convocado la semana que viene para elaborar un plan logístico alternativo. “Nos han pedido nuestras necesidades semanales de materiales para varios meses”, confía una fuente que, como la mayoría de los consultados pide guardar el anonimato. Esos preparativos apuntan a que el problema va para largo. “Aquí se importa todo: tubos, acero, bitumen, cables eléctricos… Las rutas alternativas significan retrasos en los envíos y sobre costes”, explica. Las empresas estudian medidas legales aduciendo “fuerza mayor” por el cambio en las condiciones, pero de momento las autoridades niegan que haya problemas.

Resulta evidente que, de prolongarse, el aislamiento económico y diplomático no sólo afectará al prestigio y las ambiciones de Qatar sino a todos los negocios con operaciones regionales, tal como ha advertido la consultora Control Risks. Al margen de las dificultades para el transporte de mercancías, las restricciones al movimiento de personas incluyen no sólo a los cataríes , sino también a todos los residentes en el emirato. Ya ha habido ejecutivos europeos que han encontrado problemas en el aeropuerto de Dubái, donde las autoridades han dejado de facilitarles el visado a la llegada, lo que preocupa en medios diplomáticos porque viola los acuerdos alcanzados al respecto entre la UE y EAU.

viernes, 2 de junio de 2017


El día en que arrestaron al general Noriega con Heavy Metal

Cuando el dictador se vio asediado por las tropas estadounidenses en 1989 se refugió en la embajada del Vaticano en Panamá. El ejército instaló varios parlantes alrededor del edificio y durante tres días lo atormentaron con canciones.

Todo el mundo tiene al menos una canción que lo saca de quicio. La mayoría de las veces, son fáciles de evitar. Pero ¿qué pasaría si es imposible cambiar el canal de televisión, apagar la radio o simplemente alejarse?

Peor aún. ¿Qué pasa si alguien lo reproduce sin parar durante una hora. Un día. Una semana. ¿Incluso más tiempo?

A esto se le ha denominado "tortura musical" y mientras que algunos de sus practicantes dicen que no debe contar como un castigo, no hay duda de que funciona.
Una de sus primeras víctimas fue el fallecido exdictador panameño, Manuel Antonio Noriega.  El 20 de diciembre de 1989, en la llamada "Operación Causa Justa", tropas estadounidenses invadieron Panamá para capturar al militar, en la que ha sido la última operación de este tipo ejecutada por Washington en América Latina.

Sin embargo, no fueron ni las balas ni la presión militar las que finalmente doblegaron a Noriega. Canciones de bandas de rock como Van Halen, Guns and Roses y The Clash fueron las que finalmente provocaron que el todopoderoso general se rindiera.
Para el año de 1989, Noriega había pasado de ser un cercano colaborador de Estados Unidos a un enemigo incómodo de la Casa Blanca. Clave durante los años de las insurrecciones sandinistas en Centro América, el apoyo de los gringos se fue desvaneciendo cuando se revelaron los vínculos de Noriega con el narcotráfico.

El hombre fuerte panameño respondió aumentando la represión y adoptando un discurso y posiciones cada vez más antiestadounidenses, que terminaron con la muerte de un infante de marina en Ciudad de Panamá en diciembre de 1989.

Y así, el 20 de ese mismo mes, 24.000 soldados de EE.UU. invadieron 
Panamá para "proteger las vidas de los ciudadanos estadounidenses presentes en el país, defender la democracia y los derechos humanos, combatir el narcotráfico y asegurar la futura neutralidad del canal". Y capturar a Noriega.
Cuatro días después de que los estadounidenses desembarcaron en Panamá, Noriega, en un desesperado intento, buscó refugio en la embajada del Vaticano. La edificación fue rodeada por soldados estadounidenses, pero el dictador se rehusó a rendirse.
Al ver que no podían entrar por la fuerza en la oficina diplomática de la Santa Sede, el ejército norteamericano optó por un arma hasta entonces poco convencional: un ataque con rock.

Un perímetro de parlantes gigantes fue construido en un esfuerzo de atormentar al dictador panameño, enclaustrado en la embajada vaticana. Los estadounidenses, conectaron los altavoces a la transmisión del Southern Command Network, la emisora militar estadounidense en Centroamérica.

Inicialmente la estación no fue consciente de la naturaleza de la operación y durante los primeros dos días reprodujeron una lista de canciones navideñas, tal como estaba programado. Sin embargo, el 27 de diciembre de 1989 un comando del ejército gringo llamó a la emisora y le explicaron el plan.
Y casi de inmediato, las voces de Frank Sinatra, Ella Fitzgerald y Tony Bennett fueron reemplazadas por los riffs de guitarra de Eddie Van Halen y Slash, los alaridos de Axl Rose y Jim Morrison y los gritos de The Clash y Black Sabbath.

La lista de canciones fue cuidadosamente construida no solo por su estridencia, sino también por su valor irónico. Pistas como “I Fought The Law” (Yo peleé contra la ley) de The Clash, “All I Want Is You” (Todo lo que quiero es a ti) de U2, “If I had a Rocket Launcher” (Si tuviera un lanzacohetes) de Bruce Cockburn y “Panamá” de la banda de hard rock Van Halen, retumbaron día y noche a través de las ventanas de la embajada vaticana.

Inevitablemente, la Santa Sede se quejó directamente con el presidente Bush, y la guerra musical se detuvo después de tres días de puro rock. Finalmente, el 3 de enero de 1990, el general aceptó rendirse. Cabe recordar que el general Noriega era un reconocido amante de la música ópera.
Y aunque es difícil afirmar que los culpables de la rendición de Noriega fueron Slash y Axl Rose, entre otros, lo cierto es que la operación le dio la vuelta al mundo por su particularidad. Desde ese entonces, la “tortura musical” es una de las prácticas más frecuentes del ejército estadounidense para doblegar a sus enemigos y prisioneros.

Por su parte, la lista de canciones completa se ha guardado para la posteridad en el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, mientras que partes de ella están disponibles en internet, denominada la “Noriega Song List”.

jueves, 1 de junio de 2017

¿Mejor en Alepo que en Córdoba?

Una familia siria decide regresar tras cinco meses en Argentina. Huían de las bombas pero no se adaptaron. Desde allí dicen que están mejor y no se arrepienten de haber vuelto.

El día que Tawfiq Touma lo dijo por primera vez, nadie podía creerlo. "Me quiero volver a Alepo, no puedo más, echo de menos demasiadas cosas". Tawfiq vivía con su mujer, Ani, y sus dos hijas adolescentes en Pilar, un pequeño pueblo cercano a Córdoba, a 700 kilómetros de Buenos Aires. Habían llegado allí con un programa de acogida de sirios, huyendo de la guerra. Pero no lograron adaptarse y preferían volver.
Argentina, tierra de inmigrantes, tiene una comunidad de origen sirio importante —el expresidente Carlos Menem lo es y también la esposa de Mauricio Macri, Juliana Awada— y ha decidido abrir las puertas para que lleguen refugiados. Pero las cosas no son tan fáciles como pueden parecer. Solo han aparecido medio centenar de los 3.000 esperados y algunos están pensando en volverse, porque la adaptación es muy dura y el idioma muy complicado.
Los Touma son los primeros que regresan. Estaban desesperados. Tanto que prefirieron volver a su tierra, devastada por una guerra civil que ha dejado entre 320.000 y 450.000 muertos, 1,5 millones de heridos y cinco millones de refugiados. En el aeropuerto de Buenos Aires, hace un par de semanas, Tawfiq y Ani, nerviosos pero convencidos de su decisión, trataban de explicar a EL PAÍS por qué creían que estarían mejor en Alepo, corazón del drama sirio, que en la tranquila campiña argentina. "Ya no hay guerra, está más tranquilo, sobre todo nuestro barrio", insistía pocos minutos antes de partir. A su lado, mientras sus hijas revoloteaban antes de subir al avión, inquietas ante la aventura, su mujer trataba de explicar una decisión que descolocó a todos. "Mi marido quiere volver. Hace falta mucho trabajo para vivir aquí y no lo conseguimos. No conectaba con nadie, se pasaba todo el día fumando, ansioso, no tenía amigos. Aquí es lindo, pero también en Alepo hay cosas lindas". Parecían incluso molestos con la incomprensión de algunos.
Tawfiq tiene la espalda destrozada porque se le cayó un televisor encima tras una explosión. No puede hacer trabajos pesados. Y como nunca logró aprender español, tampoco podía aspirar a otro tipo de oficio. En Alepo tiene una perfumería, y allí volvió. Esta semana ha enviado a sus contactos en Argentina mensajes de voz diciendo que están bien, que su casa y la perfumería seguían en pie. Ha enviado fotos de la tienda llena de cosas, lista para vender. Dicen que la vida es difícil en Alepo, pero no se arrepienten de volver.
"Estamos muy bien, estamos contentos de estar aquí", repiten en los mensajes Tawfiq y Ani. Les cuesta comunicarse porque que apenas tienen unas horas de electricidad. No hay agua potable, hay que comprar garrafas. No hay posibilidad de tener una nevera porque no hay apenas luz, la van cortando por barrios, así que compran la comida del día. Está buscando dinero para volver a fabricar sus propios perfumes.
La historia de los Touma forma parte de un documental, Aryentin, que cuenta el periplo de seis familias sirias que han llegado al país austral huyendo de la guerra. Producido por el Grupo Documenta, integrado por Fernando Lojo, Carlos Celaya, Gonzalo Lantarón, Darío Arcella, Marina Rubino y Macarena Macro, el proyecto sigue los pasos de los inmigrantes y su intento por adaptarse a un país tan diferente y lejano. Hay casos de éxito, algunos de fracaso y otros muchos de dudas.
El Gobierno argentino solo hace la gestión y entrega los visados dentro del llamado Programa Siria, pero es el "llamante", un argentino voluntarista, el que tiene que hacerse cargo de las familias durante un año. Hay otra familia en Córdoba que se peleó con la persona que les había traído y está refugiada en una iglesia. Tuvo que intervenir incluso la policía.
Los Touma tuvieron suerte. Su llamante, un argentino de Pilar que prefiere que no se publique su nombre porque cree que si lo hiciera su decisión no sería realmente altruista, se hizo cargo de todo. Les consiguió una casa, colegio para las niñas, hasta un coche. Y les pagaba todos los gastos. Lo puso todo para que se adaptaran. De hecho, les llamó porque tenía ya acogida otra familia siria, los Barbar. La mujer, Mari, es hermana de Ani, la madre de los Touma. También tienen dos hijas.
Hafez Barbar consiguió trabajo rápidamente, al contrario que Tawfiq. También tiene fuertes heridas de la guerra, sobrevivió a un coche bomba que le tuvo un año y medio en cama, pero es un buen soldador y logró colocarse en el pueblo. Sin embargo, su mujer empezó a sufrir nostalgia de Siria. Estaba cada vez peor. Y el llamante pensó que la mejor manera de resolverlo era traer a su hermana con los suyos. Las dos familias se reunieron pero Tawfiq no tenía ningún oficio y nunca consiguió adaptarse.
"Mi problema era la espalda y el idioma. No puedo conseguir un trabajo para mantener a mi familia. No puedo vivir toda la vida de otra gente, quiero ser independiente. Vinimos para cambiar de vida, para tener un futuro mejor para nuestros hijos. Pero no podía lograrlo aquí y tenía miedo de perder más cosas. En Alepo están mis amigos, mi familia, viví toda mi vida allí, me cuesta construir eso de nuevo en Argentina. No me acostumbré", explica Tawfiq, que entiende que sorprenda pero recuerda que es algo que le pasa a muchos emigrantes. "Cuando vine acá se me fue el miedo que tenía cuando me fui", insiste.
El llamante está frustrado aunque tranquilo al saber que los Touma están bien en Alepo. Las dos familias son cristianas, y fue un cura argentino que vive en Siria el que les animó a viajar al país austral y les desaconsejó que se volvieran. "Yo pensé que lo importante era sacarlos de la zona de guerra. Pero ellos venían a buscar una vida mejor. Fue más fuerte el deseo de volver que el miedo. Dice que la guerra se ha trasladado. Él quiere mucho a sus hijas, no creo que sean tan suicidas de ir si hay peligro de muerte. La inmigración ha cambiado mucho. Hace 100 años cuando te ibas rompías todo el vínculo. Los Touma estaban conectados a Alepo con WhatsApp a diario. Estaban seguros de que podían volver y de momento están bien aunque con muchas limitaciones. Él no veía que en Argentina pudiera ganar lo necesario para vivir, esto es mucho más caro que Siria", explica.
Un pequeño robo de unas mochilas en la casa que les habían conseguido en Pilar también contribuyó a la desesperación de los Touma. Además, eran gente de ciudad que no se acostumbró a la vida en una zona rural. Insistían mucho en el terror que les provocaban los perros callejeros, por ejemplo. Pese al fracaso, al llamante le queda una satisfacción: los Barbar sí se quedan. "Hafez me dijo 'no hay marcha atrás. Yo no tengo donde volver". Los Touma prefirieron Alepo. Y de momento no se arrepienten.