jueves, 18 de agosto de 2022

 

Salman Rushdie, la religión y la rabia a través del ojo científico de Dios

La teoría del principio del universo y de su expansión fue expuesta a principios de los años 30 por el sacerdote belga Georges Lemaître. Por si fuera poco, en alguna de las historias del Corán aparece el tiempo como percepción relativa, siglos antes de que Einstein formulase su teoría.

 

Por: MONTERO GLEZ

En lugar de lagunas de conocimiento, el fanático religioso tiene inundaciones de falsas creencias; naturalezas de fondo turbio donde se cataliza la infamia colectiva. Sirva como ejemplo lo de Salman Rushdie, una agresión que nos ha salpicado de sangre y de rabia, y cuyo origen se encuentra en el fanatismo de quienes muestran más interés en lo que creen saber que en lo que verdaderamente no saben.

Con todo, no venimos a hacer aquí un alegato contra las religiones. Nada más lejos, pues la religión y la ciencia pueden caminar juntas siempre y cuando no caigan en el dogma y permitan sitio a la duda, tal y como Einstein señaló en su momento con su aforismo: “La ciencia sin religión está coja, la religión sin ciencia está ciega”.

Con tales parámetros, el Papa Francisco arrancó su revolución vaticana hace unos años, cuando afirmó que el Big Bang es un fenómeno real y que “Dios no es un mago con una varita mágica”. Fue entonces cuando los fanáticos del catolicismo más rancio se rasgaron las vestiduras ante tales declaraciones, dejando a la vista sus inundaciones de incomprensión histórica, pues la teoría del principio del universo y de su expansión ya había sido expuesta a principios de los años 30 por el sacerdote belga Georges Lemaître cuando señaló el origen de todo en un punto donde el universo empezaba a expandirse y donde el espacio se llenaba con los restos del átomo primitivo tras su desintegración, despojos cósmicos que dieron lugar a la materia, al espacio y al tiempo. Con su teoría del átomo primigenio o “huevo cósmico” Georges Lemaître se convirtió en padre de la cosmología moderna.

Su biografía nos presenta a Lemaître como a un muchacho inquieto que tuvo que interrumpir sus estudios de Ingeniería de Minas para alistarse como artillero en la Primera Guerra Mundial. Cuando se reincorporó a la vida universitaria, una vez terminada la guerra, lo hizo matriculándose en Ciencias Físicas y Matemáticas, doctorándose en 1920 e ingresando en el seminario de Malinas. Tres años después, rozando la treintena, Lemaître se convirtió en sacerdote, siguiendo su carrera científica como alumno de Arthur Eddington (1882-1944) filósofo de la ciencia que entendía la materia como soporte del espíritu y no de otra manera. Por eso mismo, para Eddington, la ciencia y la religión eran compatibles siempre y cuando los fenómenos religiosos se pudieran demostrar a partir del método científico.

Ahora volvamos a la agresión sufrida por Salman Rushdie, porque si atendemos al islam hay que señalar que la lectura del Corán no está reñida con el progreso científico ni tampoco con el humor. Sólo los fanáticos carecen de sentido del humor para reírse de sí mismos. El islam en su origen fue sinónimo de progreso. De hecho, fue la ciencia islámica la que introdujo los números arábigos que hoy utilizamos para contar. Otro ejemplo de préstamo cultural es la palabra algoritmo, nombre latinizado del matemático persa Al-Juarismi (Algorithmi). Por decir no quede que en alguna de las historias del Corán aparece el tiempo como percepción relativa, siglos antes de que Einstein formulase su teoría.

Pero la falta de comprensión lectora y, sobre todo, la falta de conciencia crítica lleva a los fanáticos a creer que las novelas de Salman Rushdie ofenden a una religión. Si esto fuera así, la ofensa hacia esa religión sería aún mayor cada vez que un fanático asegura que el apuñalamiento al autor de Los Versos Satánicos ha sido por mandato divino.


jueves, 4 de agosto de 2022

 

El exitoso negocio de un científico mexicano que transforma residuos orgánicos en endulzante

Javier Larragoiti encontró en el olote de maíz una alternativa para su padre diabético y creó un emprendimiento sustentable que combate la obesidad y el cambio climático

Por: ANDRÉS RODRÍGUEZ

Se dice que un emprendimiento nace de una necesidad. Cuando Javier Larragoiti tenía 18 años, el año de su entrada a la universidad, su padre fue diagnosticado con diabetes, una enfermedad que, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, es la tercera causa de defunciones en México, superada solamente por las enfermedades del corazón y la covid-19. Pasaron los años y la salud de su progenitor se había agravado, ya que, según cuenta, es de esas personas que no cuidaba para nada su dieta. Esta necesidad le llevó a pensar en una solución para ayudarle a él y a otras personas que padecen esta afectación. Así, en 2018, cuando tenía 28 años, se convirtió en el fundador de Xilinat, una empresa que desarrolló un sustituto al azúcar que no es dañino para la salud y tiene un impacto social y ambiental positivo.

La primera solución que pasó por su cabeza fue la creación de una pastilla que hiciera que los alimentos supieran más dulces. “Eso ya existe en Japón. Nos ganaron, lo utilizan mucho para tomar sake (una bebida alcohólica con base de arroz)”, dice Larragoiti a América Futura. Al trabajar decidió no utilizar los sustitutos que hay en el mercado como splenda, sucralosa o estevia porque el sabor no le gustaba a su padre. En ese momento, su hermana estaba estudiando para ser odontóloga y le presentó un producto que se llama xilitol. Ella lo utilizaba en pacientes niños. En lugar de ponerles flúor les aplicaba esta alternativa porque una de sus propiedades es la protección de dientes contra la caries.

Desde que era niño, Larragoiti se veía a sí mismo con bata de laboratorio. Uno de sus programas favoritos fue El mundo de Beakman y su superhéroe favorito era Spider-Man porque debajo del disfraz estaba Peter Parker –un científico originalmente en el cómic y en la caricatura–. Es por esta razón que estudió ingeniería química y recurrió a su maestra, Lorena Pedraza, una profesional con 25 años de experiencia en el aprovechamiento de residuos agrícolas. Junto a la ingeniera química, que además es la primera socia de la compañía, comenzaron con la transformación de desperdicios orgánicos. “Fermentamos el olote de maíz y el resultado de este proceso es el xilitol, que después lo cristalizamos para la venta”, explica el ingeniero químico.

El proceso original para obtener xilitol utiliza la madera de abedul como materia prima y se extrae un carbohidrato que se llama xilosa que, según explica Larragoiti, los humanos no pueden metabolizar. Se recurre a una reacción química para transformarla en xilitol. En Xilinat disminuyen en 40% los costos de producción porque en vez de abedul utilizan la mazorca desgranada con un proceso de fermentación que disminuye los costos energéticos y de la materia prima. “El costo de producción de xilitol de abedul ronda, más o menos, entre los 3 y 3,5 dólares por kilo, nosotros estamos entre los 2 y 2,4. Ofrecemos el mismo sabor que el azúcar y beneficios a la salud como ayudar a la absorción de calcio en huesos, es bajo en caloría, es totalmente seguro para diabéticos, no se necesita insulina para metabolizarse, es keto porque es bajo en carbohidratos y protege de las caries”, agrega.

Cuatro años después de su fundación, Xilinat, que ya se comercializa en diferentes portales en Internet, en tiendas naturistas y algunas boutiques, preserva su espíritu social y ambiental. La empresa trabaja con 13 familias de San Bernardino Tlaxcalancingo, una población en el estado de Puebla, y de San Miguel Topilejo, un pueblo de la delegación Tlalpan ubicado al sur de la Ciudad de México. Un poco más de 63 personas son las encargadas de proveer el olote, materia prima de la cual se necesita siete toneladas, por las cuales se les paga 500 dólares para la producción de una de xilitol. Este año la empresa se ha trazado el objetivo de vender 12 toneladas de xilitol para las cuales necesitarán 36 toneladas de mazorca de maíz.

De este modo, Xilinat aporta, en cierta medida, a evitar la quema de residuos orgánicos a campo abierto, “los típicos montoncitos de olote que se queman y generan humo cuando se recorre la carretera”, que, según el director ejecutivo de la empresa, reduce seis toneladas de dióxido de carbono por cada tonelada de producto vendido. “De por sí ya estamos comprometiendo los recursos de generaciones futuras, entonces tenemos que hacer las cosas bien desde un principio y asegurarnos de disminuir nuestra huella ambiental. Parte del ADN [de la empresa] es que nos definimos como jipis con corbatas porque a todos nos interesa resolver problemas socioambientales, pero sin perder de vista que esto tiene que ser un negocio”, precisa.

Larragoiti, cuyo invento hizo que fuera incluido en 2017 en la lista de los principales innovadores de menos de 35 años del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), es consciente de que una de las principales barreras para introducir un producto de este tipo en la sociedad mexicana es la económica. “Lamentablemente este tipo de soluciones solo son accesibles para el 30% o 35% de la población, cuando la mayoría de problemas de salud graves están en el 60% restante. Tenemos un 40% que vive en pobreza extrema y eso es muchísimo. Para llegar a todos los sectores tendríamos que tener cierto apoyo del Gobierno, como pasa con el azúcar, en la parte de producción y así aminorar más costos y llegar a niveles de industrialización muy grandes, porque esto funciona como economía de escala, mientras más produzcas, tu costo de producción también va disminuyendo”, agrega. Un kilo de azúcar refinada cuesta alrededor de 60 pesos, mientras que uno del sustituto ronda los 300.

Para Xilinat, la mira sigue puesta en lograr la industrialización y quizá aún es “el reto más grande”. Retomando una de las motivaciones que llevó a Larragoiti a emprender, puede decir con seguridad que su padre ahora es un convencido de la calidad del producto que ofrece. De inicio, de cierta forma, fue un conejillo de indias y hoy es un caudillo del emprendimiento. “Ahora abusa, lo pone en yogurt, en fruta, como es saludable y con el mismo sabor. Además, tiene que estar convencido del producto. En mi casa nadie pone un sobrecito de splenda, está prohibido. Imagínate, vas a la casa del fundador y te ofrecen azúcar, qué imagen”, finaliza bromeando y sonriendo.

 

martes, 19 de octubre de 2021

 

En una ciudad con poca agua, la Coca-Cola y la diabetes se multiplican

 

Por Óscar LópezAndrew Jacobs 

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, México – María del Carmen Abadía vive en una de las regiones más lluviosas de México, pero solo tiene agua corriente cada dos días. Cuando sale un pequeño chorro de su grifo, está tan clorada, dice, que no puede beberse.

El agua potable es cada vez más escasa en San Cristóbal de las Casas, una pintoresca ciudad montañosa en el estado de Chiapas, en el sureste de México, donde algunos vecindarios tienen agua corriente solo unas cuantas veces a la semana y muchos hogares tienen que comprar pipas de agua extra.

En consecuencia, muchos habitantes se hidratan con Coca-Cola, que produce una planta embotelladora local y puede ser más fácil de conseguir que el agua embotellada, además de costar casi lo mismo.

En un país que se encuentra entre los mayores consumidores de bebidas azucaradas en el mundo, Chiapas es uno de los estados campeones: los habitantes de San Cristóbal y las frondosas tierras altas que rodean la ciudad beben en promedio dos litros de refresco al día.

El efecto en la salud pública ha sido devastador: la tasa de mortalidad por diabetes en Chiapas aumentó en un 30 por ciento entre 2013 y 2016, y ahora esta enfermedad es la segunda causa de muerte en el estado, tras las enfermedades cardiacas, pues cobra tres mil vidas al año.

«Los refrescos siempre han estado más disponibles que el agua», dijo Abadía, de 35 años, una guardia de seguridad que, al igual que sus padres, lucha contra la obesidad y la diabetes.

Vicente Vaqueiros, de 33 años, un doctor de la clínica en San Juan Chamula, un pueblo agrícola cercano, dijo que los trabajadores de la atención a la salud están batallando para lidiar con el rápido aumento de la diabetes.

«Cuando era niño y venía aquí, Chamula estaba aislado y no tenía acceso a la comida procesada», contó. «Ahora, ves a los niños tomando Coca-Cola en lugar de agua. Actualmente, la diabetes está afectando a los adultos, pero próximamente seguirán los niños. Nos rebasará».

Asolados por la crisis doble de la epidemia de diabetes y la escasez crónica de agua, los habitantes de San Cristóbal han identificado al que consideran el único culpable: la descomunal fábrica de Coca-Cola en uno de los confines de la ciudad.

La planta tiene permisos para extraer 419 774,3 metros cúbicos de agua al año ( 1 150 065,75 litros al día) como parte de un contrato con el gobierno federal firmado hace varias décadas y que los críticos dicen que es excesivamente favorable para los dueños de la fábrica.

La indignación ha crecido. En abril de 2017, manifestantes con los rostros cubiertos marcharon hacia la fábrica cargando cruces que decían «Coca-Cola nos mata» y exigieron que el gobierno cierre la planta.

«Cuando ves que las instituciones no están cumpliendo con algo tan básico como el agua y el saneamiento, pero tienes una empresa acceso seguro a una de las fuentes de agua de la mayor calidad que hay, pues claro que te causa un shock», dijo Fermín Reygadas, el director de Cántaro Azul, una organización que proporciona agua limpia a comunidades rurales.

Los ejecutivos de Coca-Cola y algunos expertos externos dicen que se ha calumniado injustamente a la empresa al culparla de la escasez de agua en la ciudad. Ellos, en cambio, responsabilizan a la urbanización veloz, una planeación deficiente y la carencia de inversión gubernamental, que ha dejado que la infraestructura de la ciudad se desmorone.

El cambio climático, dicen los científicos, también ha desempeñado un papel en el fracaso de los pozos artesianos que habían provisto agua para San Cristóbal durante muchas generaciones.

«Hoy día no llueve como antes», dijo Jesús Carmona, un bioquímico que trabaja en el centro de investigación científica local Ecosur, dependiente del gobierno mexicano. «Casi todos los días, de día y noche, era la lluvia».

La planta es propiedad de Femsa, un gigante de alimentos y bebidas que posee los derechos para embotellar y vender Coca-Cola en todo México y gran parte del resto de América Latina. Femsa es una de las empresas más poderosas en México; uno de los exdirectores ejecutivos de Coca-Cola en México, Vicente Fox, fue presidente del país de 2000 a 2006.

El TLCAN ha sido benéfico para Femsa, que ha recibido cientos de millones de dólares de inversión extranjera.

Sin embargo, en San Cristóbal, el TLCAN se ve ampliamente como un intruso no bienvenido. El primer día del año 1994, fecha en que entró en vigor el tratado comercial, rebeldes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional irrumpieron en San Cristóbal, le declararon la guerra al Estado mexicano y quemaron edificios gubernamentales.

Aunque al final ambos bandos firmaron acuerdos de paz, el sentimiento en contra de la globalización aún bulle en la región, una de las más pobres de México.

«Coca-Cola es abusiva y manipuladora», dijo Martín López López, un activista local que ha ayudado a organizar boicots y manifestaciones en contra de la refresquera. «Se llevan nuestra agua pura, la tiñen y te engañan en televisión diciendo que es la chispa de la vida. Luego toman el dinero y se van».

Los ejecutivos de Femsa dicen que la planta tiene muy poco impacto en el suministro de agua a la ciudad, y señalan que sus pozos son mucho más profundos que los manantiales superficiales que abastecen a los habitantes. «Cuando escuchamos, y leemos en los medios, que nos estamos acabando el agua, la verdad es que nos hace mucho cortocircuito», dijo José Ramón Martínez, un vocero de la empresa.

La compañía es también una importante fuerza económica en San Cristóbal, pues emplea aproximadamente a cuatrocientas personas y contribuye con cerca de 200 millones de dólares a la economía del estado, dijo Martínez.

Por su parte, los críticos dicen que el acuerdo entre Femsa y el gobierno federal, en el que este favorece indebidamente a la empresa, no le da nada bueno a la ciudad.

Laura Mebert, una socióloga de la Universidad Kettering, en Michigan, que ha estudiado el conflicto, dice que Coca-Cola paga una cantidad desproporcionadamente pequeña por sus privilegios respecto del agua -cerca de diez centavos de dólar por mil litros-.

«Coca-Cola paga este dinero al gobierno federal, y no al local», señaló Mebert, «mientras que la infraestructura de servicios para los habitantes de San Cristóbal está literalmente desmoronándose».

Entre los problemas que enfrenta la ciudad está la falta de tratamiento de aguas residuales, lo que significa que las aguas negras pasan directamente a las vías fluviales locales. Carmona, el bioquímico, dijo que los ríos de San Cristóbal están plagados de E. coli y otros patógenos infecciosos.

El año pasado, en un esfuerzo aparente por tranquilizar a la comunidad, Femsa inició conversaciones con los lugareños para construir una planta potabilizadora de agua que proporcionaría agua potable limpia a quinientas familias de la zona.

Sin embargo, en lugar de aliviar las tensiones, el plan condujo a más protestas por parte de los habitantes y obligó a la empresa a detener la construcción de las instalaciones.

«No estamos en contra de la planta potabilizadora», dijo León Enrique Ávila, profesor de la Universidad Intercultural de Chiapas, quien encabezó las protestas. «Solo exigimos que el gobierno cumpla con su obligación de proveer agua potable para sus ciudadanos. ¿Cómo vamos a permitir que la Coca lave sus pecados después de años de estar tomando el agua de San Cristobal?».

Desde que llegaron las botellas de Coca-Cola a este lugar hace medio siglo, la bebida se ha entrelazado profundamente con la cultura local.

En San Juan Chamula, un pueblo agrícola en las afueras de la ciudad, el refresco embotellado es el pilar de las ceremonias religiosas apreciadas por la población tzotzil de la localidad.

Dentro de la iglesia del pueblo, los turistas caminan con cuidado a través de alfombras de hojas frescas de pino mientras el incienso de copal y el humo de cientos de velas llenan el aire.

Sin embargo, el mayor atractivo para los visitantes es mirar a los devotos rezar ante botellas de Coca-Cola o Pepsi, así como ante pollos vivos, que a menudo se sacrifican ahí mismo.

Muchos tzotziles creen que las bebidas carbonatadas tienen el poder de curar a los enfermos. Mikaela Ruiz, de 41 años, una lugareña, recuerda cómo el refresco ayudó a curar a su bebé, que estaba débil por haber tenido vómito y diarrea. La ceremonia fue conducida por su madre diabética, una curandera tradicional que ha llevado a cabo ceremonias con refresco durante más de cuarenta años.

Para muchos en San Cristóbal, la ubicuidad de la nada costosa Coca-Cola -y la diabetes que acecha en casi todos los hogares- simplemente agrava su enojo en contra de la refresquera.

Los defensores de la salud locales dicen que las agresivas campañas publicitarias de Coca-Cola y Pepsi que comenzaron en la década de los sesenta ayudaron a insertar las bebidas carbonatadas y azucaradas en las prácticas religiosas locales, que mezclan el catolicismo con rituales mayas. Durante décadas, las empresas produjeron anuncios espectaculares en las lenguas locales, a menudo usando modelos que vestían la ropa tradicional tzotzil.

Aunque Coca-Cola ya descontinuó esas campañas, Martínez, el vocero de Femsa, las describió como «un gesto de respeto hacia las comunidades indígenas».

También rechazó las críticas sobre que las bebidas de la empresa han tenido un impacto negativo en la salud pública. Es posible que los mexicanos, dijo, tengan una proclividad genética a desarrollar diabetes.

Aunque la investigación científica en efecto sugiere que los mexicanos de ascendencia indígena presentan tasas más altas de diabetes, los activistas locales dicen que esto aumenta la responsabilidad de las trasnacionales que venden productos con un alto contenido de azúcar.

«Los indígenas comían alimentos muy simples», dijo López, el activista, que pasó años viviendo con comunidades rurales como misionero. «Y cuando llegó Coca-Cola, su cuerpo no estaba listo para ella».

Abadía, la guardia de seguridad, dijo que se culpa a sí misma por tomar tanto refresco. Aun así, mientras la salud de su madre se deteriora y después de haber visto a su padre morir por complicaciones de la diabetes, no puede evitar preocuparse por su propio bienestar.

«Me inquieta terminar ciega o sin una mano o un pie», dijo. «Tengo mucho miedo».

 


viernes, 30 de julio de 2021

 

El genoma del neandertal revela que se apareó con el 'Homo sapiens'

 

 

Es el neandertal que llevamos dentro: entre un 1% y un 4% del ADN que tenemos en cada una de nuestras células es herencia directa de los neandertales, según los esperados resultados del proyecto Genoma neandertal, que se presentan en la revista Science. La investigación indica que neandertales y Homo sapiens se aparearon, probablemente en algún lugar de Oriente Medio o del norte de África, hace entre 50.000 y 80.000 años.


La comparación de los genomas de ambas especies ha desenmascarado además 78 genes que distinguen a los Homosapiens del resto del reino animal. Entre ellos, genes relacionados con las aptitudes cognitivas, con la forma del cráneo, con la estructura del tórax y con el metabolismo.
La investigación pone en entredicho la visión que los científicos tenían hasta ahora de los neandertales. Si después de su descubrimiento en 1856 se les presentó como bestias frente a la bella Homo sapiens, el péndulo había oscilado en las últimas décadas y se había extendido la idea de que tenían aptitudes similares a las nuestras.
A favor de esta idea estaban el descubrimiento de que tenían una organización social compleja, que enterraban a algunos de sus muertos preparándoles para el más allá o que tenían el gen más importante del lenguaje idéntico al nuestro. "Yo mismo defendía que tenían el mismo potencial cognitivo que nosotros", reconoce Carles Lalueza, paleogenetista del Institut de Biologia Evolutiva UPF-CSIC y coautor de la investigación. "Pero creo que vamos a tener que revisarlo".
El genoma del neandertal se ha reconstruido a partir de fósiles de seis especímenes de entre 38.000 y 70.000 años de antigüedad procedentes de Croacia, Alemania, Rusia y España. El proyecto, que ha costado cuatro años y cinco millones de euros, ha estado dirigido por Svante Pääbo, investigador del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania) y pionero mundial en el estudio genético de los neandertales.
Las secuencias genéticas de los neandertales se han cotejado con los genomas de personas de Europa, China, Papúa-Nueva Guinea y África. Se han cotejado también con el genoma del chimpancé. De este modo, se ha podido deducir qué distingue a Homo sapiens y neandertales de chimpancés, pero también qué genes han evolucionado en nuestro linaje y nos distinguen de neandertales y chimpancés.
La gran sorpresa de la investigación, "algo que nadie se esperaba", explica Lalueza, es que algunas secuencias genéticas de los neandertales coinciden con las de los Homo sapiens de Eurasia y Oceanía, pero no con las de África. Esto significa que los genes de neandertales y Homo sapiens se mezclaron poco antes o poco después de que nuestra especie saliera de África.
También de manera inesperada, se ha observado que la huella genética de los neandertales es la misma en personas de Europa Occidental, de China y de Papúa- Nueva Guinea. Concretamente, cerca de un 2% de nuestro genoma es herencia genética neandertal, con un margen de error que abarca del 1% al 4%.
Esto significa que la mezcla de genes se produjo antes de que nuestra especie se expandiera por toda Eurasia. Significa, por lo tanto, que hubo un cruce genético puntual entre ambas especies y que los descendientes de aquella unión o aquellas pocas uniones fueron los que después colonizaron Europa, Asia, Oceanía y América.

A partir de los datos genéticos, los investigadores han calculado que los apareamientos se produjeron en algún momento hace entre 50.000 y 80.000 años. No es posible saber, con los datos exhumados hasta ahora, si se aparearon hombres neandertales y mujeres sapiens, viceversa o probaron las dos opciones. 
No se ha encontrado nada en el genoma que invite a pensar que ambas especies siguieran apareándose después en Europa, donde coexistieron durante más de 10.000 años, como habían propuesto algunos prehistoriadores.
Más allá de reconstruir la historia de los neandertales, el proyecto de investigación tenía como objetivo prioritario "identificar los rasgos genéticos que nos separan de todos los demás organismos, incluidos nuestros parientes más cercanos", afirma Svante Pääbo.
Los investigadores han identificado 78 genes que son iguales en neandertales y chimpancés y diferentes en Homo sapiens. También se han identificado decenas de genes que están repetidos varias veces en una de las dos especies, lo que indica que funcionan con más intensidad, informa Tomàs Marquès, investigador catalán de la Universidad de Washington en Seattle (EE.UU.) y también coautor del trabajo.
Algunos de estos genes están poco estudiados y aún no se sabe exactamente para qué sirven. Entre los que se han estudiado mejor, los investigadores destacan en Science el gen RUNX2, que interviene en la formación de la caja torácica, las clavículas, la dentadura y el cráneo. Las diferencias observadas en este gen podrían explicar dos diferencias importantes entre neandertales y Homo sapiens: que nuestra caja torácica tenga forma de cilindro, mientras que la de los neandertales tenía más forma de campana; y que nuestro cráneo tenga la frente vertical, mientras que la de los neandertales la tenía inclinada hacia atrás.
La forma del tórax, a su vez, puede estar relacionada con diferencias de metabolismo entre las dos especies. Dado que los neandertales eran más corpulentos que nosotros, con huesos más robustos y músculos más fuertes, es verosímil que necesitaran más alimentos y oxígeno. En este sentido, es sugerente aunque no concluyente que se hayan encontrado también diferencias entre neandertales y Homosapiens relacionadas con el gen THADA, que interviene en el metabolismo.

La forma del cráneo, por su parte, puede estar relacionada con diferencias cognitivas. Aptitudes como la capacidad de razonar, de planificar el futuro o de controlar impulsos instintivos tienen su sede en el córtex prefrontal, que en nuestra especie dispone de un amplio espacio tras la frente vertical. No se sabe hasta qué punto los neandertales tenían desarrolladas estas aptitudes en un córtex prefrontal agazapado tras una frente oblicua. Pero otro resultado sugerente la investigación ha identificado diferencias entre las dos especies en cuatro genes relacionados en aptitudes cognitivas.

Tras la presentación del genoma del neandertal, "ahora empieza el trabajo de verdad", explica Tomàs Marquès. El trabajo de verdad será "averiguar qué función tienen los genes en los que hemos encontrado diferencias", añade Carles Lalueza. "Creo que, más que genes que actúan de manera aislada, descubriremos redes de genes que influyen unos sobre otros y que explicarán gran parte de la variación entre Homo sapiens y neandertales. Pero hasta que no hagamos estos estudios funcionales, no tendremos una idea clara de qué es lo que hace única a nuestra especie".