jueves, 7 de marzo de 2019



Las olas de calor en el mar tienen el mismo efecto que los incendios en los bosques
Las subidas precipitadas de las temperaturas son cada vez más intensas, severas y largas en los mares. Y sus efectos son devastadores sobre las hierbas marinas y las barreras coralinas.

Las olas de calor no sólo afectan a la superficie terrestre, sino también a la vida en los océanos. Las subidas precipitadas de las temperaturas son cada vez más intensas, severas y largas en los mares. Y sus efectos son devastadores sobre las hierbas marinas, las barreras coralinas, las algas, el plancton y toda la cadena alimenticia.

Un estudio realizado por la Asociación Biológica Marina de Plymouth y pubicado en la revista científica Nature Climate Change indaga como nunca antes en este fenómeno, a partir de 116 informes en todo el mundo y de 8 casos concretos de olas de calor marinas en las tres últimas décadas, incluida la conocida como "Ningaloo Niño" que fijó un récord en la franja costera de Australia en 2011.

"Las olas de calor en el mar son como los incendios provocados por la altas temperaturas en los bosques", advierte en declaraciones a The Guardian el biólogo Dan Smale, autor de la investigación. "El efecto que tienen sobre la vida bajo el agua es similar: las hierbas marinas y los racimos de algas kelp mueren ante nuestros ojos. Y en cuestión de semanas y meses desaparecen por completo de las costas".

El número de total de días acumulados de olas de calor en los mares ha aumentado un 50% en los últimos 30 años. Entre el 2014 y el 2016 se llegaron a triplicar, con una intensidad especial en el Atlántico sur y en el Pacífico. La temperatura promedio en la superficie de los océanos es de 17 grados, pero en las oleadas de calor puede superar los 25 o incluso los 30 grados.

A lo largo del siglo pasado, se estima que el aumento de las temperaturas en los océanos fue de apenas 0,1 grados, en contraste con la subida de 0,6 grados en la superficie terrestre. El calentamiento se ha acelerado sin embargo en lo que va de siglo: en los últimos cinco años se han dado las temperaturas más altas en el mar desde que hay registros.

A la preocupación por el calentamiento y la acidificación de los océanos se une ahora la inquietud por los efectos de las olas marinas de calor que pueden causar temperaturas extremas por cinco o más días seguidos.

"Su impacto adverso hace sentir en un amplio espectro de organismos, desde el plancton a los invertebrados, los peces, los mamíferos y las aves marinas", advierte el biólogo Dan Smale. "Algunas especies pueden nadar hacia aguas más frías en teoría, pero las olas de calor golpean en los océanos en zonas muy amplias y de una forma a veces más rápida que el movimiento de los peces".

Los efectos colaterales se han hecho ya sentir en tierra y en afecta a la vida de los humanos, como ocurrió con la ola de altas temperaturas que sacudió el Atlántico occidental en el 2012, que causó daños severos a las poblaciones de langostas y que creó tensiones fronterizas entre Estados Unidos y Canadá.

"A menos que tomemos acciones urgentes, en el futuro habrá menos peces en los océanos, con cambios dramáticos en su estructura ecológica y graves implicacioens para los humanos que dependemos de la vida marina", advierte Eva Plaganyi, de la organización atmosférica y oceánica CSIRO en Australia.


martes, 5 de marzo de 2019



Duterte exige cambiar el nombre a Filipinas para olvidar la «brutalidad colonial» de Felipe II

El presidente del país se olvida de que, a pesar de las mentiras extendidas, los verdaderos genocidios en el país fueron perpetrados por Estados Unidos
En lo que supone el enésimo caso de exageración histórica el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha señalado que pretende cambiar al nombre del país que lidera para olvidar la «brutalidad colonial» que sufrió su país a manos deFelipe II. Se olvida de dos cosas: que los verdaderos genocidios perpetrados en el país fueron estadoundisenses y que hubo una matanza de españoles en la región en 1945.
De toda esta serie de tropelias, Duterte solo se ha quedado con la mentira extendida a golpe de Leyenda Negra antiespañola.

De nada ha valido que las órdenes religiosas protegieran a los nativos (algo que sucedía en el resto de territorios descubiertos y colonizados). Tampoco que los dominicos fundaran en Manila la primera universidad de cristiana en Asia en el año 1611. Por el contrario, las barbaridades de los estadounidenses parecen seguir ocultas. Y eso, a pesar de que la guerra entre americanos y filipinos de 1898 se cobró la vida de más de un millón de nativos.

Por el momento, Duterte no ha seleccionado ningún nombre concreto para las islas. Lo único que ha señalado es que pretende cambiarlo la denominación que recibió el archipiélago en 1543, cuando fue bautizado en honor al entonces futuro rey de España Felipe II. «No tengo un nombre particular todavía, pero me gustaría cambiarlo porque se debe al rey Felipe de España», explicó en la noche del domingo durante un acto en la provincia sureña de Basilan.

En lo único que tiene razón es en la fecha en la que los europeos arribaron a Filipinas. El evento se sucedió durante el viaje de Magallanes y Elcano en pos de una ruta hacia las Molucas (misión que, a la postre, se convertiría en la primera circunnavegación del planeta). En 1521, la famosa expedición llegó al archipiélago, que fue bautizado como Filipinas. En Mactán, una de las islas, el marino portugués decidió desembarcar y perdió la vida a manos de los nativos.

A pesar de que Duterte afirma que no ha elegido un nombre, la realidad es que, hace un par de semanas, sugirió rebautizar la región como Maharlika, que hace referencia a su pasado prehispánico de Filipinas. Este era el término malayo que aludía a las primeras civilizaciones feudales que habitaron la isla de Luzón, la más extensa de Filipinas, antes de la colonización de los españoles, que se prolongó más de tres siglos, hasta 1898.

Ha pasado ya mucho tiempo. Hay muchos otros nombres. En Mindanao o Luzón no queda islam, fuimos convertidos brutalmente. Mataron (los españoles) a todo aquel que no quería ser cristiano», señaló el mandatario. El fallecido dictador filipino Ferdinand Marcos, del que Duterte es admirador declarado, también intentó durante su extenso mandato modificar la denominación actual del país por Maharlika.

Según el presidente Duterte, el nombre de Filipinas, ligado a la herencia hispánica y cristina, discrimina a la comunidad musulmana filipina, que se concentra principalmente en la isla sureña de Mindanao. La actual Constitución de 1987 permite cambiar el nombre del país si el Congreso se pone de acuerdo y luego se ratifica en un referéndum por una mayoría de la población.
Genocidios estadounidenses
La hemeroteca, como siempre, es un arma poderosa. En este caso, es necesario que retrocedamos hasta el año 1898 para entender que las verdaderas barbaridades contra Filipinas llegaron de mano norteamericana. Tras la caída de España en la región y después de que Estados Unidos se hiciera con el mando de la colonia, los nativos se alzaron, el 4 de febrero de 1899, en contra de sus nuevos líderes. En la llamada «insurrección nipona», el presidente William McKinley aplastó las revueltas a golpe de fusil y bayoneta. Todo ello, mientras afirmaba que la presencia de sus hombres en la región permitiría a los habitantes beneficiarse de los avances de la libertad, la benevolencia cristiana y la prosperidad.

La realidad es que la contienda se llevó por delante a más de un millón de filipinos. Así lo recordó fray Manuel Arellano Remondo (un famoso religioso y cronista de la época) en su obra «Geografía General de Las Islas Filipinas». «La población disminuyó por razón de las guerras, pues al empezar la primera insurrección se calculaba en 9.000.000 y actualmente (1908) no llegarán a 8.000.000 los habitantes del Archipiélago», explicaba en la página 15. Guillermo Gómez Rivera, de la Academia Filipina, afirma en su dossier « El idioma español en las Filipinas» que, «se refiere indudablemente a las víctimas de la Guerra entre la primera República de Filipinas de 1898 y Estados Unidos de Norteamérica».

Este mismo autor también señala que el genocidio del pueblo filipinio fue corroborado por otros estadounidenses. «La fuente norteamericana a la que nos referimos es la del historiador James B. Goodno autor del libro “The Philippines: Land of Broken Promises, Nueva York, 1998”, cuya página 31 nos suministra esa importante cifra y dato». A su vez, analiza en su extensa investigación el que la mayoría de los asesinados hablaban castellano debido a que el idioma se había extendido ampliamente por la región.

Pero este no fue el único genocidio perpetrado por los estadounidenses contra el pueblo filipino. En plena Segunda Guerra Mundial, allá por 1945, los estadounidenses bombardearon de forma incansable el archipiélago para acabar con los nipones que se escondían en las islas.
El ataque, como bien recuerda el historiador Jesús Hernández en su libro « Breve historia de la Segunda Guerra Mundial», se produjo entre febrero y marzo de ese mismo año y fue dantesco. «La Batalla de Manila duró un mes, muriendo miles de civiles a causa de las bombas norteamericanas, pero MacArthur permaneció insensible al sufrimiento de sus antiguos administrados, obsesionado con tomar la ciudad. Tras salvajes combates urbanos, el general dio por liberada la ciudad el 27 de febrero, pero prefirió no celebrarlo ante la dantesca visión de los cadáveres que se amontonaban en sus destruidas calles», explica.

Matanza de españoles
Dutarte también se olvida de que los primeros que sufrieron en Filipinas fueron los españoles. Y es que, en 1945, fueron más de 300 los que fueron asesinados por los nipones en Manila. Durante la retirada, las tropas japonesas, huyendo del ejército estadounidense, incendiaron la ciudad y asesinaron a sus ciudadanos en un cruel y desesperado intento por evitar que los supervivientes contaran su derrota. Se contabilizaron más de 100.000 muertos, de los cuales, más de 70.000 fueron deliberadamente ejecutados por los soldados japoneses.

«Cuando perdieron todo se complicó y el trato a la población se volvió violento. Sus víctimas fueron tanto filipinos, como chinos alemanes, suizos o españoles. No podían tolerar que el resto del mundo se enterase de su humillación, así que se negaron a abandonar el país por las buenas y se produjo una matanza indiscriminada», contaba la escritora Carmen Güell, autora de «La última de Filipinas», el libro en el que relata, en primera persona, el testimonio de Elena Lizarraga, una de las supervivientes de origen español que sufrió las consecuencias del salvajismo nipón.

En pocos días, todo el pasado colonial español de Manila, presente en sus edificios históricos, fue arrasado y alrededor de 300 españoles de los 3.000 censados murieron brutalmente asesinados. «Muchos eran terratenientes que se habían quedado en Filipinas después de desaparecer como colonia», puntualizaba Güell.

«La piedad, la diplomacia, la previsión, la hermandad asiática no existieron. Sólo existió el horror de la guerra y el fuego», contaba Massip en el 64 sobre la sangrienta, devastadora y absurda retirada nipona del archipiélago, donde murieron más personas que con las bombas atómicas que caerían, cinco meses después, sobre Hiroshima y Nagasaki.

La victoria aliada sobre los japoneses tuvo, por lo tanto, un terrible coste material y humano en Manila, que pasó a ser, desde entonces, la segunda ciudad más devastada por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, después de Varsovia. Y dentro de Manila, la zona sur de Malate y de Intramuros, habitada por muchas familias españolas, la más castigada de todas.

viernes, 1 de marzo de 2019


La prótesis que nació gracias a las piezas de un helicóptero de Lego


A los nueve años todo es posible. La imaginación es entonces un terreno fértil donde las ideas más peregrinas (que son las más geniales) puede agarrar y florecer. Luego, comienzan las mezquindades, los temores y los cálculos. A eso lo llamamos madurar, sin percatarnos de que esa madurez lleva implícita una falta de riesgos en el pensar que cercena muchas grandes ideas. A los nueve años fue cuando David Aguilar tuvo la idea que iba a marcar el resto de su vida.
Empezó, de qué otra forma si no, como un juego cuando se encontraba montando uno de los kits de construcción de Lego. Pero, en lugar de ordenar las piezas para que fuesen las hélices o la cabina del helicóptero para el que estaban diseñadas, decidió colocarlas alrededor de su brazo, un brazo pequeño y malformado a causa del síndrome de Poland, una rara enfermedad congénita que padece de nacimiento y que afectó a su pectoral derecho y al antebrazo del mismo lado. Aquel día David imaginó que sus piezas de Lego podían convertirse en una extensión de la extremidad, una especie de prótesis que le ayudara a realizar algunos movimientos. Y como a los nueve años todo es posible… convirtió su idea en una realidad y en un leitmotiv que ha guiado sus pasos hasta hoy. La enfermedad de David nunca fue una excusa para él, sino más bien una circunstancia que, como aseguraba Ortega y Gasset, tenía que salvar para salverse él: “El mundo te cambia completamente porque no solo haces las cosas de manera diferente a otras personas, sino que incluso buscas la forma de hacerlas mejor que los otros”.
Aquella primera idea infantil se convirtió años después en una verdadera prótesis fabricada también con piezas de Lego. Ferrán Aguilar, el padre de David, recuerda la noche en la que su hijo se plantó en el salón de casa para enseñarles su nuevo invento con el que podía flexionar el brazo y agarrar objetos: “fue un momento mágico”. Fue precisamente Ferrán quien comenzó a compartir vídeos y fotos de David en redes sociales y su hazaña llegó hasta Lego. La compañía les envió una emotiva carta en la que aseguraba que se habían quedado “sin palabras… La fuerza y el tesón de David son las cosas que nos hacen sentirnos orgullosos y por las que queremos seguir dando la oportunidad a que todos los niños del mundo tengan acceso a nuestros ladrillos Lego”.
Gracias a aquellos vídeos David se convirtió en una pequeña celebridad: dio conferencias y fue entrevistado por medios de medio mundo (incluyendo la CNN o el National Geographic) pero, lo más importante, es que al acabar el bachillerato recibió una invitación de UIC Barcelona para estudiar Bioingeniería. A sus 19 años -y sin dejar a un lado la curiosidad que desde niño ha guiado sus proyectos- mira el futuro con optimismo y tiene claro qué quiere hacer: “Mi sueño es poder ayudar a gente que esté en la misma condición que estoy yo”.
Con la serie “Familias conectadas” queremos saber qué pasa cuando la tecnología se integra en el hogar. Investigar cómo afecta al ritmo de estudios, al ocio, al trabajo, a la cultura… Pero sobre todo cómo modifica las relaciones humanas y qué hacer para que conseguir una interacción natural entre todos los miembros de la familia y las máquinas.

martes, 12 de febrero de 2019

Así serán los ‘medicanes’, los huracanes del Mediterráneo

El cambio climático reducirá la frecuencia de este tipo de huracanes, pero los hará más intensos y peligrosos.

A medida que avance el siglo, el Mediterráneo será un mar cada vez más peligroso. Con el calentamiento global, se irá pareciendo a los mares tropicales. Estas nuevas condiciones facilitarán el desarrollo de ciclones extratropicales muy parecidos a los huracanes, los medicanes. Aunque los distintos modelos y simulaciones indican que habrá menos, los que haya serán más duraderos, intensos y portando mayor capacidad destructiva.

"El cambio climático está convirtiendo al Mediterráneo en un entorno más propicio para el desarrollo de huracanes", dice el investigador del Instituto de Ciencias Ambientales de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), Juan Jesús González. Aclara enseguida que el término medicán o medicanes  es una simplificación y que en el Mediterráneo no se producen huracanes como los tropicales. Primero porque no es un mar tropical y, segundo, porque nunca tendrán la intensidad y magnitud de un huracán de categoría 3 a 5. "Pero tienen la misma física", recuerda.

Los medicanes se forman en especial en el centro y este del Mediterráneo. A diferencia de los huracanes, apenas duran un día, diluyéndose en entre 12 y 18 horas. Rara vez sus vientos superan los 100 Km/h y sus dimensiones son mucho más reducidas. Además, la frecuencia de los medicanes es de uno o dos al año, frente a la temporada típica de huracanes que, solo en el Atlántico, suele superar los 10 con otras tantas tormentas tropicales. Pero unos y otros viven de la conflictiva interacción térmica entre el mar y el aire. Unos y otros tienen esa particular forma de espiral de nubes arremolinadas girando al contrario que las agujas del reloj. Y en uno se puede ver el ojo del huracán y en el otro el ojo del medicán.

Todo eso está cambiando. Un reciente estudio realizado por un grupo de investigadores con González al frente ha modelado la aparición y desarrollo de medicanes en el contexto del cambio climático. El modelo ha sido desarrollado por científicos estadounidenses especializados en huracanes y usado ya para la simulación y predicción de huracanes de hasta categoría 5. Primero corrieron el modelo hacia atrás, hasta 1985, viendo que reproducía con gran fiabilidad los medicanes aparecidos desde entonces. Después, eligieron el escenario climático intermedio que se espera para el resto del siglo y lo corrieron hacia el futuro. Se encontraron con una buena noticia y las demás malas.

"La frecuencia de medicanes será menor", comenta el investigador de la UCLM. Son borrascas que llegan al Mediterráneo desde el Atlántico y se transforman en ciclones tropicales pero, con el calentamiento global, "se está produciendo una expansión de los trópicos y una traslación en latitud de los subtrópicos, lo que implica que las borrascas lo tendrán más difícil para llegar", explica González. Así que la frecuencia descenderá, habiendo años en los que no aparecerá ningún medicán. Pero el resto de condiciones serán peores, es decir, mejores para los medicanes. "El cambio climático está haciendo que el Mediterráneo sea más tropical y el mar es el que alimenta a un medicán", explica González. Según los resultados de su investigación, aunque la frecuencia podría reducirse en un 34%, el número de medicanes que duren más de 24 horas aumentará. "Podrán alcanzar vientos sostenidos de 125 Km/h y rachas con velocidades mayores, lo que entra en la categía 1 de los huracanes", estima el investigador de la UCLM. El riesgo de un gran medicán será mayor en los inicios del otoño y se concentrarán en especial en el mar Jónico, al este de la bota de Italia.

Con la mayor duración y mayor intensidad de los vientos, el denominado índice de disipación de energía también aumentará y esta es una medida que se relaciona con la capacidad destructora de estos ciclones. "Además, a diferencia de los huracanes que tienden a seguir una ruta rectilínea predecible, los medicanes tienen trayectorias más caóticas e irregulares", avisa González, cuya investigación está relacionada con el proyecto europeo SOCLIMPACT, dedicado a evaluar impactos del cambio climático en islas europeas.

"Sus conclusiones son similares a los resultados que hemos obtenido nosotros", relata el profesor de meteorología de la Universitat de les Illes Balears, Romu Romero, cuyo grupo lleva años investigando los medicanes. En 2017, y usando una metodología muy diferente apoyada en la generación de ciclones sintéticos, estimó que, como en el trabajo de la UCLM, habrá una reducción de estos ciclones (entre un 5% y un 10%), pero, "cuando se formen, serán más intensos", añade.

En términos generales, la mayoría serán débiles, con algunos moderados y unos pocos violentos. La clave aquí es el aumento de los vientos, que tienen efectos no lineales sobre la intensidad del medicán. "El poder destructor tiene mucho que ver con el transporte de la energía cinética: aumentos modestos en los vientos sostenidos en superficie pueden elevar exponencialmente su capacidad destructiva", recuerda Romero. En sus estimaciones, el Mediterráneo tendrá medicanes que podrían contener vientos de hasta 140-150 Km/h. Para Romero, "con el cambio climático, la probabilidad de que entren en la categoría 1 [de los huracanes] ya no será despreciable".

jueves, 7 de febrero de 2019



El mar está cambiando de color

El cambio climático está afectando al fitoplancton marino, lo que altera el espectro de luz solar reflejada

Para finales de siglo, gran parte del mar habrá cambiado de color. El fitoplancton marino, la base de los océanos, está sufriendo el impacto del cambio climático, alterando su composición y distribución. Estos organismos usan clorofila para sintetizar la energía solar, siendo responsables de la porción verde del agua. Ahora, un estudio ha elaborado un modelo sobre cómo será el color de los océanos a lo largo del siglo según le vaya al fitoplancton. Con el calentamiento, los mares seguirán siendo azulados o verdosos, pero con nuevas tonalidades. Y el cambio de color indica toda una cadena de cambios en la vida marina.
El mar es azul porque refleja la luz azul. Cuando los rayos solares inciden sobre las moléculas de agua la mayor parte del espectro de la luz (el arcoíris en el que se descompone) es absorbida. Solo la banda del azul (en torno a los 443 nanómetros de la longitud de onda) rebota y, como sucede con el cielo, el mar se ve azul. Pero no es un color puro, en realidad todo son tonos de azulados a verdosos, con el turquesa entre medias. Y es así porque en el mar no solo hay agua, también hay plantas, microorganismos y otros tipos de materia orgánica que le dan su paleta de colores.

El fitoplancton era, según se consideraba hasta no hace mucho, un conglomerado de algas microscópicas que, como el resto de vegetales, cuentan con un pigmento verde, la clorofila, para realizar la fotosíntesis. Y esto hace que la luz que más refleje sea el verde, de ahí las tonalidades verdosas de muchas partes de los mares. Aunque ahora los biólogos han complicado las cosas y en ese conglomerado también habría cianobacterias y protistas, todos estos microorganismos viven de la energía que obtienen de la luz y solar y, para sintetizarla, también usan la clorofila, reforzando los tonos verdes. Desde hace unas décadas, la observación desde satélites ha servido para inferir la presencia de clorofila como indicador de la biodiversidad marina.

Ahora, un grupo de investigadoras de universidades de EE UU y Europa han elaborado un modelo para estudiar cómo está afectando el cambio climático al fitoplancton y, por tanto, al color del mar. La mayor parte del calentamiento global lo están absorbiendo los océanos. Se estima que, de no hacer nada para reducir las emisiones de CO2, la temperatura media global de la superficie marina suba en 3º para finales de siglo. De ser así, se producirían una serie de impactos en el ciclo de la base de la vida oceánica, el fitoplancton. Bueno, ya se estarían produciendo.

"El calentamiento de los océanos altera la circulación oceánica y la porción [de aguas] del océano profundo que emerge a la superficie. El fitoplancton necesita la luz (su fuente de energía) y nutrientes. Y la mayor parte de esos nutrientes viene de las profundidades", explica en un correo la investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y principal autora del estudio, Stephanie Dutkiewicz. "Los cambios inducidos por el calentamiento están provocando que lleguen menos nutrientes a la capa superficial, por lo que lo más probable es que el fitoplancton disminuya en muchas partes del océano", añade esta experta en la biogeoquímica del mar.

Uno de los procesos biogeoquímicos más afectados por el cambio climático es el de la circulación oceánica: conforme a las diferencias de temperatura, las aguas se mueven tanto verticalmente (en profundidad) como en latitud (hacia y desde los polos). Con el calentamiento, esta circulación se está ralentizando, aumenta la estratificación de la columna de agua y se reduce la mezcla de aguas profundas y superficiales. Todo esto explica que la aportación de nutrientes, en particular los macronutrientes, se esté reduciendo.
"Las temperaturas también afectan a cómo de rápido crece el fitoplancton. Algunas especies adaptadas al agua caliente lo hacen más rápido que otras adaptadas a las más frías. Así que, con un océano más cálido en las regiones donde haya más nutrientes, unas aguas más calientes pueden aumentar la cantidad de fitoplancton", recuerda Dutkiewicz. Así que habrá cambios regionales en la composición, cantidad y distribución de las comunidades de microorganismos marinos que colorean el agua.

Según los resultados del estudio, publicado en Nature Communications, buena parte del océano ya está cambiando de color y, para 2100, estiman que hasta algo más del 50% de la superficie marina podría tener otro color. "Los cambios serán muy sutiles, el ojo humano probablemente no los vea, pero sí los sensores ópticos", aclara la investigadora del MIT. "Sí, el mar seguirá siendo azul. Algunas regiones, grandes zonas al norte y al sur del ecuador, los giros subtropicales, serán posiblemente más azules, incluso", añade. Mientras, el verde se hará más presente en las aguas polares y en las aguas costeras tropicales donde el fitoplancton lleve mejor el calor.

El modelo que han usado para estudiar la evolución del color se venía utilizando para predecir los cambios en el fitoplancton, las explosiones locales de algas o la acidificación oceánica. Ahora, en los parámetros que han incluido han sumado otros elementos presentes en el agua, además de la clorofila. En particular, detritus y otra materia orgánica disuelta. Reconocen, sin embargo, que para acertar mejor con el color del mar del futuro habrá que incluir otros constituyentes microscópicos del agua marina, como son las bacterias, los minerales o la propia salinidad del mar.

Jefferson Keith Moore, biólogo marino en la Universidad de California en Irvine, publicó el año pasado un estudio en la revista Science sobre los efectos del cambio climático en el fitoplancton y las consecuencias globales de su reducción. También publicó un resumen del mismo en la web del Foro Económico Mundial, Las plantas del mar, como llama al fitoplancton, necesitan, además de sol, nutrientes como nitrógeno o fósforo. Si la circulación oceánica es frenada por el calentamiento global, estos nutrientes no llegarán a la superficie. Aunque el estudio se remite a un escenario temporal algo lejano (el año 2300), sus resultados muestran que, al haber menos plantas, habrá menos zooplancton (animales microscópicos) de los que puedan  alimentarse los peces pequeños, que reducirán sus poblaciones, lo que pondría en aprietos a los depredadores más grandes, como delfines, tiburones o humanos. Y todo empezará con un cambio en el tono del azul del mar.

martes, 18 de diciembre de 2018


Tuberculosis, la enfermedad de los vulnerables de Sudán del Sur
En 2017, murieron 3.510 personas, según cifras oficiales
De una población de 20.440 personas potencialmente infectadas, se diagnosticaron 11.364 casos nuevos y murieron 3.510 personas en 2.017.
Primero viene una tos seca, con mocos y sangre. Luego, las bacterias infectan los pulmones comiéndose los tejidos. Llegan los sudores nocturnos y la fiebre aumenta. Al cabo de los días, el cansancio es extremo y viene acompañado por falta de apetito y la consecuente pérdida de peso. Si no se trata, la tuberculosispulmonar debilita gravemente a las personas, que terminan demacradas. Finalmente, los pulmones se llenan de líquido, causando insuficiencia respiratoria crónica. En esa etapa, el tratamiento es ya inútil. El paciente morirá.

En los campos de refugiados de Sudán del Sur, estos síntomas son reconocibles para la mayoría de las personas; saben que deben acudir a un médico tan pronto como aparezcan y se sientan enfermas.
En la sala de aislamiento del hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el campo de Protección de Civiles (PoC) de Malakal, hay un joven sentado junto a su cama: enjuto y con un traje sucio y mal ajustado. A su lado, su anciana madre se preocupa por su aspecto y, como todos los visitantes de la sala, lleva una máscara en la boca para prevenir la propagación de la tuberculosis.
A pesar de la insistencia de la mujer, que le dice que se está recuperando, el joven se ve frágil y apenas habla. Es tan delgado que se ata un trozo de cuerda alrededor de la cintura para sujetarse el su pantalón. En el suelo, tiene un cuenco que usa como escupidera. La enfermedad ha avanzado, pero todavía existe la posibilidad de que se recupere, aunque solamente lo logrará con medicación y tratamiento adecuado.

MSF brinda tratamiento contra la tuberculosis tanto para los desplazados del PoC como para los habitantes de la ciudad vecina. De una población de 20.440 personas potencialmente infectadas, se diagnosticaron 11.364 casos nuevos y murieron 3.510 personas en 2017, según cifras oficiales. Esto representa una cifra en Sudán del Sur aproximadamente 13 veces mayor que la media de la Unión Europea.
Sin embargo, es casi imposible encontrar cifras precisas sobre casos de tuberculosis debido al constante movimiento de la población que huye de la violencia y a la falta de instalaciones médicas en las zonas inestables. Así que el número de casos podría ser aún mayor.

La tragedia de la nación más joven de África es que la tuberculosis se puede tratar, incluso en sus etapas avanzadas, "pero en un campo de refugiados, donde las personas se amontonan en chozas, viviendo unas encima de otras, la enfermedad se transmite fácilmente. La tuberculosis es principalmente una enfermedad de los vulnerables", explica Harry Aichner, médico de MSF en Malakal.

"Muchas personas viven con tuberculosis latente; pero tienen un sistema inmunológico fuerte y pueden vivir mucho tiempo sin que se detecte o enfermen", añade desde el hospital de MSF.
Hay muchas formas de tuberculosis, pero en Sudán del Sur la pulmonar es el tipo más diagnosticado y representa el 80% de los casos.
Podría decirse que los pacientes de tuberculosis en Malakal tienen suerte, porque tienen acceso a servicios de salud. No obstante, las condiciones de vida en el asentamiento son terribles. El campo ha estado siempre densamente poblado. Actualmente, el área de asentamiento de cada persona es de 17 metros cuadrados de media, cuando el estándar humanitario mínimo es de 30 metros cuadrados. Hace dos años la población era el doble de lo que es ahora y vivía en la mitad de espacio. Son las condiciones perfectas para la propagación de la tuberculosis pulmonar.

"Estaba teniendo fiebre, esta iba y venía. Creo que me contagié de un amigo. Me han dicho que estaré bajo cuidado durante tres semanas", apunta un hombre de unos 30 años.

Muchas de estas personas han perdido sus hogares y han sido testigos de cómo el conflicto se cobraba la vida de amigos y familiares. Los hombres en edad de luchar en el frente tienen miedo de abandonar el campamento, que está protegido por la ONU, por temor a ser reclutados en una de las milicias, o directamente asesinados.

Resistencia a los medicamentos y tratamiento tóxico
La guerra civil en Sudán del Sur ha obligado a muchas personas a huir de sus hogares, alejándose de los centros de salud disponibles. Además, a medida que los fondos para el sistema de salud se evaporan, los hospitales y clínicas existentes antes de los combates tratan a duras penas de permanecer abiertos.
Se estima que una de cada tres personas en está desplazada en este país o vive como refugiada fuera de este. En ambas circunstancias, conseguir diagnóstico y tratamiento para la tuberculosis es increíblemente difícil.
La mayoría de los pacientes en Malakal han debido desplazarse varias veces debido al conflicto. Cada vez que la línea del frente se acerca a una población, las familias toman lo que pueden y huyen hacia la zona boscosa. Para los pacientes con tuberculosis, esto puede significar perder la posibilidad de tener medicamentos vitales y asistencia médica.
Sin tratamiento, las bacterias de la tuberculosis pueden adaptarse, crecer, fortalecerse y desarrollar inmunidad a los medicamentos más comunes. Cuando esto ocurre, los equipos de MSF necesitan encontrar fármacos alternativos, que a veces pueden ser tóxicos, con lo que se requiere que estos casos se monitoricen de cerca. Con estas complicaciones añadidas, los pacientes tardan más en recuperarse.
El estrés que provoca vivir en una zona de guerra aboca a muchas personas al consumo de alcohol y otras sustancias. Para algunos de los habitantes del PoC de Malakal, ese es el único modo de liberar las presiones del día a día de un conflicto. "El abuso del alcohol agrava los efectos de la tuberculosis, ya que debilita el sistema inmunológico, disminuido ya por la desnutrición", dice Aichner. Además, el consumo excesivo de alcohol también puede afectar a la medicación y causar daño hepático".
Muchos de los pacientes que están en la sala de aislamiento del hospital de MSF admiten que beben mucho y que gastan hasta seis dólares a la semana en alcohol. Esta es una suma colosal en un lugar donde hay pocos empleos y casi todos sobreviven gracias a la asistencia de organizaciones humanitarias. "Muchos bebedores terminan por vender sus raciones de comida para comprar marisa, el alcohol local", añade el médico.
Para muestra, el relato de un joven de 27 años que vive desplazado en el PoC de Malakal: "Bebía alrededor de medio litro de marisa todos los días. Empecé a sentirme mal y a toser. Perdí el apetito y he perdido peso. En total, he pasado tres semanas en el hospital".

Huir hacia Sudán
La tuberculosis se ha extendido hacia el norte y cruzado la frontera hacia los campamentos de refugiados en el estado del Nilo Blanco (en Sudán) por medio de los refugiados que huyen de la violencia. Solo en 2017, 53.000 personas buscaron refugio en estos asentamientos. A algunos de ellos les llevó tres semanas hacer el viaje a través de la frontera hasta el mega campo de Khor al Wharal, al que llegaron débiles y desnutridos.

MSF brinda atención en ambos lados de la frontera a lo largo de la ruta principal de migración. Los equipos trabajan arduamente para cubrir las necesidades médicas de la población, muy cambiantes debido al gran flujo de refugiados. El programa de tuberculosis se desarrolla en el lado sudanés de la frontera en los campos de refugiados de Khor al Wharal y Al - Kashafa.
La mayoría de los refugiados viven con una dieta basada casi exclusivamente en el sorgo. La mala nutrición puede llevar a un paciente recuperado de tuberculosis a una recaída, ya que su sistema inmunológico permanece debilitado. Este círculo vicioso puede repetirse una y otra vez.
"El tratamiento puede ser difícil, especialmente para los refugiados que no tienen acceso a una buena alimentación", explica Yumo Arop, auxiliar clínico de MSF en Khor al Wharal. "Cuando alguien comienza a tomar sus medicamentos, su apetito aumenta repentinamente. Pero si no tienen qué comer, el hambre pude provocar terribles dolores, con lo que muchos pacientes dejan de tomar sus medicamentos por completo".
En 2016, MSF desarrolló un programa especializado de tratamiento y capacitación en tuberculosis para el Ministerio de Salud. Los logros fueron inmediatos en 2017: de los 190 pacientes en tratamiento de tuberculosis en el campamento de refugiados de Khor al Wharal, el 66% se recuperó completamente.

Si bien la tasa de infección de TB es definitivamente mayor en la población de refugiados, la comunidad local de acogida también se está beneficiando del tratamiento avanzado que ofrece MSF. Hameia Hamed Kameh, una anciana sudanesa, ha visto cómo ha cambiado su vida después de haber dejado la cama donde la tenía postrada la tuberculosis que afecta a su columna vertebral. "Con la ayuda de mis amigos y familiares, fui al hospital de MSF. Otros médicos cobran mucho dinero por la atención, y además me diagnosticaron mal. El tratamiento de MSF es gratuito", dice.

La guerra en Sudán del Sur ha tenido un coste enorme para su gente y ha convertido una enfermedad tratable como la tuberculosis en un desastre mortal para la salud pública. La comunidad internacional debe hacer más para apoyar los sistemas de salud en Sudán del Sur, especialmente en lugares como el estado del Alto Nilo. La inversión en atención médica (personal sanitario, instalaciones y suministros) puede traer un cambio real a la vida de estas personas, incluso en los momentos más sombríos.


lunes, 17 de diciembre de 2018


Los cuatro últimos años han sido los más calurosos de la Historia reciente

Los cuatro últimos años han sido los más calurosos registrados hasta la fecha, según ha confirmado la Organización Meteorólica Mundial (OMM), en la antesala de la conferencia del cambio climático (COP24) que se celebra en Polonia desde este fin de semana. El informe "State of the Gobal Climate 2108", confirma que el año en curso será el cuarto más cálido, con temperaturas de 0,98 grados por encima de la era preindustrial.

Los 20 años más calurosos se han registrado precisamente desde 1996. La OMM advierte que la temperatura global puede subir de tres a cinco grados con la tendencia acutal de aquí a finales de siglo, muy por encima de la "línea roja" de los dos grados fijados por el acuerdo de París (y del compromiso de perseguir esfuerzos para limitar la subida a 1,5 grados).

Las emisiones de gases invernadero han alcanzado un nuevo récord, después de la "estabilización" experimentada en los últimos cuatro años. La OMM estima que el mundo debe triplicar sus esfuerzos para no superar el "límite" de los dos grados, y multiplicarlos por cinco para no superar la línea de seguridad de 1,5 grados.

"No estamos ni mucho menos en el camino para alcanzar los objetivos ante el cambio climático", ha advertido el secretario general de la OMM Petteri Taalas. "Si explotamos todos los recursos de combustibles fósiles, las temperaturas subirán considerablemente por encima".

"Somos la primera generación que entiende el alcance del cambio climático y la última generación que será capaz de hacer algo para paliar los efectos", ha advertido el meteorólogo finlandés, en una renovada llamada a la acción a los líderes políticos.

Según el último informe de la OMM, el fenómeno meteorológico conocido como La Niña, que contribuye a un descenso de las temperaturas en la superficie del mar, ha mitigado hasta cierto punto el calentamiento global en el 2018. En el 2019, sin embargo, existe un 80% de posibilidades de que vuelva a producirse el contrapunto, conocido como El Niño, con un aumento de las temperaturas en el Océano Pacífico que suele provocar olas de calor en Australia, inundaciones en Suramérica y sequías en Asia y África.

La subida de las temperaturas han disparado los episodios de clima extremo en el último año, con 70 ciclones tropicales (frente a la media de 53) que han afectado sobre todo a Vietnam, Filipinas y Corea y huracanes en el Caribe y en las costas norteamericanas. Las olas de calor golpearon el centro y el norte de Europa, con incendios devastadores en Grecia, Suecia, Canadá y California. Las inundaciones intensificaron en regiones como el este de África y Japón y forzaron el desplazamiento de hasta 1,4 millones de personas en Kerala (India).

"Cada fracción de un grado significa una gran diferencia para la salud humana y para el acceso a comida y agua potable", advierte en declaraciones en The Guardina la subsecretaria general de la OMM, Elena Manaenkova. "Estamos hablando también de la extinción de animales y de la desaparición de las barreras coralinas y de la vida marina".

El informe State of the Global Climate 2018 advierte también sobre los efectos de la desaparición del hielo en el Artico, que alcanzó el tercer mínimo histórico en marzo y el sexto nivel mínimo en septiembre. La OMM abvierte que los mares están absorbiendo una cantidad récord de calor y que el proceso de acidificación oceánica se está intensificando.