jueves, 7 de marzo de 2019
martes, 5 de marzo de 2019
Duterte exige cambiar el nombre a
Filipinas para olvidar la «brutalidad colonial» de Felipe II
El presidente del país se
olvida de que, a pesar de las mentiras extendidas, los verdaderos genocidios en
el país fueron perpetrados por Estados Unidos
En lo que supone el enésimo caso de
exageración histórica el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha
señalado que pretende cambiar al nombre del país que lidera para olvidar la «brutalidad
colonial» que sufrió su país a manos deFelipe II.
Se olvida de dos cosas: que los verdaderos genocidios perpetrados en el país
fueron estadoundisenses y que hubo una matanza de españoles en
la región en 1945.
De toda esta serie de tropelias,
Duterte solo se ha quedado con la mentira extendida a golpe de Leyenda Negra
antiespañola.
De nada ha valido que las órdenes
religiosas protegieran a los nativos (algo que sucedía en el resto de
territorios descubiertos y colonizados). Tampoco que los dominicos fundaran en
Manila la primera universidad de cristiana en Asia en el año 1611.
Por el contrario, las barbaridades de los estadounidenses parecen seguir
ocultas. Y eso, a pesar de que la guerra entre americanos y filipinos de 1898
se cobró la vida de más de un millón de nativos.
Por el momento, Duterte no ha
seleccionado ningún nombre concreto para las islas. Lo único que ha señalado es
que pretende cambiarlo la denominación que recibió el archipiélago en 1543,
cuando fue bautizado en honor al entonces futuro rey de España Felipe II.
«No tengo un nombre particular todavía, pero me gustaría cambiarlo porque se
debe al rey Felipe de España», explicó en la noche del domingo durante un
acto en la provincia sureña de Basilan.
En lo único que tiene razón es en la
fecha en la que los europeos arribaron a Filipinas. El evento se sucedió
durante el viaje de Magallanes y
Elcano en pos de una ruta hacia las Molucas (misión
que, a la postre, se convertiría en la primera circunnavegación del planeta).
En 1521, la famosa expedición llegó al archipiélago, que fue bautizado como
Filipinas. En Mactán, una de las islas, el marino portugués decidió desembarcar
y perdió la vida a manos de los nativos.
A pesar de que Duterte afirma que no ha
elegido un nombre, la realidad es que, hace un par de semanas, sugirió rebautizar
la región como Maharlika, que hace referencia a su pasado prehispánico de
Filipinas. Este era el término malayo que aludía a las primeras civilizaciones
feudales que habitaron la isla de Luzón, la más extensa de Filipinas,
antes de la colonización
de los españoles, que se prolongó más de tres siglos, hasta 1898.
Ha pasado ya mucho tiempo. Hay muchos
otros nombres. En Mindanao o Luzón no queda islam, fuimos
convertidos brutalmente. Mataron (los españoles) a todo aquel que no
quería ser cristiano», señaló el mandatario. El fallecido dictador filipino
Ferdinand Marcos, del que Duterte es admirador declarado, también intentó
durante su extenso mandato modificar la denominación actual del país por
Maharlika.
Según el presidente Duterte, el nombre
de Filipinas, ligado a la herencia hispánica y cristina, discrimina a la comunidad
musulmana filipina, que se concentra principalmente en la isla sureña de Mindanao.
La actual Constitución de 1987 permite cambiar el nombre del país si el
Congreso se pone de acuerdo y luego se ratifica en un referéndum por una
mayoría de la población.
Genocidios estadounidenses
La hemeroteca, como siempre, es un arma
poderosa. En este caso, es necesario que retrocedamos hasta el año 1898 para
entender que las verdaderas barbaridades contra Filipinas llegaron de mano
norteamericana. Tras la caída de España en la región y después de que Estados
Unidos se hiciera con el mando de la colonia, los nativos se alzaron, el 4
de febrero de 1899, en contra de sus nuevos líderes. En la llamada «insurrección
nipona», el presidente William McKinley aplastó las revueltas a golpe
de fusil y bayoneta. Todo ello, mientras afirmaba que la presencia de sus
hombres en la región permitiría a los habitantes beneficiarse de los avances de
la libertad, la benevolencia cristiana y la prosperidad.
La realidad es que la contienda se
llevó por delante a más de un millón de filipinos. Así lo recordó fray Manuel
Arellano Remondo (un famoso religioso y cronista de la época) en su obra «Geografía
General de Las Islas Filipinas». «La población disminuyó por razón de las
guerras, pues al empezar la primera insurrección se calculaba en 9.000.000 y
actualmente (1908) no llegarán a 8.000.000 los habitantes del Archipiélago»,
explicaba en la página 15. Guillermo Gómez Rivera, de la Academia
Filipina, afirma en su dossier « El idioma español en las Filipinas» que, «se refiere
indudablemente a las víctimas de la Guerra entre la primera República de
Filipinas de 1898 y Estados Unidos de Norteamérica».
Este mismo autor también señala que el
genocidio del pueblo filipinio fue corroborado por otros estadounidenses. «La
fuente norteamericana a la que nos referimos es la del historiador James
B. Goodno autor del libro “The Philippines: Land of Broken Promises, Nueva
York, 1998”, cuya página 31 nos suministra esa importante cifra y dato». A su
vez, analiza en su extensa investigación el que la mayoría de los asesinados
hablaban castellano debido a que el idioma se había extendido ampliamente por
la región.
Pero este no fue el único genocidio
perpetrado por los estadounidenses contra el pueblo filipino. En plena Segunda Guerra Mundial,
allá por 1945, los estadounidenses bombardearon de forma incansable el
archipiélago para acabar con los nipones que se escondían en las islas.
El ataque, como bien recuerda el
historiador Jesús Hernández en su libro « Breve historia de la Segunda Guerra Mundial», se produjo entre
febrero y marzo de ese mismo año y fue dantesco. «La Batalla de Manila duró un
mes, muriendo miles de civiles a causa de las bombas norteamericanas, pero
MacArthur permaneció insensible al sufrimiento de sus antiguos administrados,
obsesionado con tomar la ciudad. Tras salvajes combates urbanos, el general dio
por liberada la ciudad el 27 de febrero, pero prefirió no celebrarlo ante la
dantesca visión de los cadáveres que se amontonaban en sus destruidas calles»,
explica.
Matanza de españoles
Dutarte también se olvida de que los
primeros que sufrieron en Filipinas fueron los españoles. Y es que, en 1945,
fueron más de 300 los que fueron asesinados por los nipones en Manila. Durante
la retirada, las tropas japonesas, huyendo del ejército estadounidense, incendiaron
la ciudad y asesinaron a sus ciudadanos en un cruel y desesperado intento
por evitar que los supervivientes contaran su derrota. Se contabilizaron más
de 100.000 muertos, de los cuales, más de 70.000 fueron deliberadamente
ejecutados por los soldados japoneses.
«Cuando perdieron todo se complicó y el
trato a la población se volvió violento. Sus víctimas fueron tanto filipinos,
como chinos alemanes, suizos o españoles. No podían tolerar que el resto del
mundo se enterase de su humillación, así que se negaron a abandonar el país por
las buenas y se produjo una matanza indiscriminada», contaba la escritora Carmen
Güell, autora de «La última de Filipinas», el libro en el que relata, en
primera persona, el testimonio de Elena Lizarraga, una de las
supervivientes de origen español que sufrió las consecuencias del salvajismo
nipón.
En pocos días, todo el pasado colonial
español de Manila, presente en sus edificios históricos, fue arrasado y
alrededor de 300 españoles de los 3.000 censados murieron
brutalmente asesinados. «Muchos eran terratenientes que se habían quedado en
Filipinas después de desaparecer como colonia», puntualizaba Güell.
«La piedad, la diplomacia, la
previsión, la hermandad asiática no existieron. Sólo existió el horror de la
guerra y el fuego», contaba Massip en el 64 sobre la sangrienta,
devastadora y absurda retirada nipona del archipiélago, donde murieron más
personas que con las bombas atómicas que caerían, cinco meses después,
sobre Hiroshima y
Nagasaki.
La victoria aliada sobre los japoneses
tuvo, por lo tanto, un terrible coste material y humano en Manila, que pasó a
ser, desde entonces, la segunda ciudad más devastada por los bombardeos durante
la Segunda Guerra Mundial, después de Varsovia. Y dentro de Manila, la
zona sur de Malate y de Intramuros, habitada por muchas familias españolas, la
más castigada de todas.
viernes, 1 de marzo de 2019
La prótesis que nació gracias a las piezas de un helicóptero de Lego
A los nueve años todo es posible. La imaginación es entonces un terreno fértil donde las ideas más peregrinas (que son las más geniales) puede agarrar y florecer. Luego, comienzan las mezquindades, los temores y los cálculos. A eso lo llamamos madurar, sin percatarnos de que esa madurez lleva implícita una falta de riesgos en el pensar que cercena muchas grandes ideas. A los nueve años fue cuando David Aguilar tuvo la idea que iba a marcar el resto de su vida.
Empezó, de qué otra forma si no, como un juego cuando se encontraba montando uno de los kits de construcción de Lego. Pero, en lugar de ordenar las piezas para que fuesen las hélices o la cabina del helicóptero para el que estaban diseñadas, decidió colocarlas alrededor de su brazo, un brazo pequeño y malformado a causa del síndrome de Poland, una rara enfermedad congénita que padece de nacimiento y que afectó a su pectoral derecho y al antebrazo del mismo lado. Aquel día David imaginó que sus piezas de Lego podían convertirse en una extensión de la extremidad, una especie de prótesis que le ayudara a realizar algunos movimientos. Y como a los nueve años todo es posible… convirtió su idea en una realidad y en un leitmotiv que ha guiado sus pasos hasta hoy. La enfermedad de David nunca fue una excusa para él, sino más bien una circunstancia que, como aseguraba Ortega y Gasset, tenía que salvar para salverse él: “El mundo te cambia completamente porque no solo haces las cosas de manera diferente a otras personas, sino que incluso buscas la forma de hacerlas mejor que los otros”.
Aquella primera idea infantil se convirtió años después en una verdadera prótesis fabricada también con piezas de Lego. Ferrán Aguilar, el padre de David, recuerda la noche en la que su hijo se plantó en el salón de casa para enseñarles su nuevo invento con el que podía flexionar el brazo y agarrar objetos: “fue un momento mágico”. Fue precisamente Ferrán quien comenzó a compartir vídeos y fotos de David en redes sociales y su hazaña llegó hasta Lego. La compañía les envió una emotiva carta en la que aseguraba que se habían quedado “sin palabras… La fuerza y el tesón de David son las cosas que nos hacen sentirnos orgullosos y por las que queremos seguir dando la oportunidad a que todos los niños del mundo tengan acceso a nuestros ladrillos Lego”.
Gracias a aquellos vídeos David se convirtió en una pequeña celebridad: dio conferencias y fue entrevistado por medios de medio mundo (incluyendo la CNN o el National Geographic) pero, lo más importante, es que al acabar el bachillerato recibió una invitación de UIC Barcelona para estudiar Bioingeniería. A sus 19 años -y sin dejar a un lado la curiosidad que desde niño ha guiado sus proyectos- mira el futuro con optimismo y tiene claro qué quiere hacer: “Mi sueño es poder ayudar a gente que esté en la misma condición que estoy yo”.
Con la serie “Familias conectadas” queremos saber qué pasa cuando la tecnología se integra en el hogar. Investigar cómo afecta al ritmo de estudios, al ocio, al trabajo, a la cultura… Pero sobre todo cómo modifica las relaciones humanas y qué hacer para que conseguir una interacción natural entre todos los miembros de la familia y las máquinas.
martes, 12 de febrero de 2019
Así serán los ‘medicanes’, los huracanes del
Mediterráneo
El cambio climático reducirá la frecuencia de
este tipo de huracanes, pero los hará más intensos y peligrosos.
A medida que avance
el siglo, el Mediterráneo será un mar cada vez más peligroso. Con el calentamiento global,
se irá pareciendo a los mares tropicales. Estas nuevas condiciones facilitarán
el desarrollo de ciclones extratropicales muy parecidos a los huracanes, los
medicanes. Aunque los distintos modelos y simulaciones indican que habrá menos,
los que haya serán más duraderos, intensos y portando mayor capacidad
destructiva.
"El cambio
climático está convirtiendo al Mediterráneo en un entorno más propicio para el
desarrollo de huracanes", dice el investigador del Instituto de Ciencias
Ambientales de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), Juan Jesús
González. Aclara enseguida que el término medicán o medicanes es una
simplificación y que en el Mediterráneo no se producen huracanes como los
tropicales. Primero porque no es un mar tropical y, segundo, porque
nunca tendrán la intensidad y magnitud de un huracán de categoría 3 a 5.
"Pero tienen la misma física", recuerda.
Los medicanes se
forman en especial en el centro y este del Mediterráneo. A diferencia de los
huracanes, apenas duran un día, diluyéndose en entre 12 y 18 horas. Rara vez
sus vientos superan los 100 Km/h y sus dimensiones son mucho más reducidas. Además, la frecuencia
de los medicanes es de uno o dos al año, frente a la temporada típica de
huracanes que, solo en el Atlántico, suele superar los 10 con otras tantas
tormentas tropicales. Pero unos y otros viven de la conflictiva interacción
térmica entre el mar y el aire. Unos y otros tienen esa particular forma de
espiral de nubes arremolinadas girando al contrario que las agujas del reloj. Y
en uno se puede ver el ojo del huracán y en el otro el ojo del medicán.
Todo eso está
cambiando. Un reciente estudio realizado por un grupo de
investigadores con González al frente ha modelado la aparición y desarrollo de
medicanes en el contexto del cambio climático. El modelo ha sido desarrollado
por científicos estadounidenses especializados en huracanes y usado ya para la
simulación y predicción de huracanes de hasta categoría 5. Primero corrieron el
modelo hacia atrás, hasta 1985, viendo que reproducía con gran fiabilidad los
medicanes aparecidos desde entonces. Después, eligieron el escenario climático
intermedio que se espera para el resto del siglo y lo corrieron hacia el
futuro. Se encontraron con una buena noticia y las demás malas.
"La frecuencia
de medicanes será menor", comenta el investigador de la UCLM. Son
borrascas que llegan al Mediterráneo desde el Atlántico y se transforman en
ciclones tropicales pero, con el calentamiento global, "se está
produciendo una expansión de los trópicos y una traslación en latitud de los
subtrópicos, lo que implica que las borrascas lo tendrán más difícil para
llegar", explica González. Así que la frecuencia descenderá, habiendo años
en los que no aparecerá ningún medicán. Pero el resto de
condiciones serán peores, es decir, mejores para los medicanes. "El cambio
climático está haciendo que el Mediterráneo sea más tropical y el mar es el que
alimenta a un medicán", explica González. Según los resultados de su investigación,
aunque la frecuencia podría reducirse en un 34%, el número de medicanes que
duren más de 24 horas aumentará. "Podrán alcanzar vientos sostenidos de
125 Km/h y rachas con velocidades mayores, lo que entra en la categía 1 de los
huracanes", estima el investigador de la UCLM. El riesgo de un gran
medicán será mayor en los inicios del otoño y se concentrarán en especial en el
mar Jónico, al este de la bota de Italia.
Con la mayor
duración y mayor intensidad de los vientos, el denominado índice de disipación
de energía también aumentará y esta es una medida que se relaciona con la
capacidad destructora de estos ciclones. "Además, a diferencia de los
huracanes que tienden a seguir una ruta rectilínea predecible, los medicanes
tienen trayectorias más caóticas e irregulares", avisa González, cuya
investigación está relacionada con el proyecto europeo SOCLIMPACT, dedicado a evaluar impactos
del cambio climático en islas europeas.
"Sus
conclusiones son similares a los resultados que hemos obtenido nosotros",
relata el profesor de meteorología de la Universitat de les Illes Balears, Romu
Romero, cuyo grupo lleva años investigando los medicanes. En 2017, y usando una
metodología muy diferente apoyada en la generación de ciclones
sintéticos, estimó que, como en el trabajo de la UCLM, habrá una reducción
de estos ciclones (entre un 5% y un 10%), pero, "cuando se formen, serán
más intensos", añade.
En términos
generales, la mayoría serán débiles, con algunos moderados y unos pocos
violentos. La clave aquí es el aumento de los vientos, que tienen efectos no
lineales sobre la intensidad del medicán. "El poder destructor tiene mucho
que ver con el transporte de la energía cinética: aumentos modestos en los
vientos sostenidos en superficie pueden elevar exponencialmente su capacidad
destructiva", recuerda Romero. En sus estimaciones, el Mediterráneo tendrá
medicanes que podrían contener vientos de hasta 140-150 Km/h. Para Romero,
"con el cambio climático, la probabilidad de que entren en la categoría 1
[de los huracanes] ya no será despreciable".
jueves, 7 de febrero de 2019
El
mar está cambiando de color
El cambio climático está afectando al
fitoplancton marino, lo que altera el espectro de luz solar reflejada
Para finales de
siglo, gran parte del mar habrá cambiado de color. El fitoplancton marino, la
base de los océanos, está sufriendo el impacto del cambio climático,
alterando su composición y distribución. Estos organismos usan clorofila para
sintetizar la energía solar, siendo responsables de la porción verde del agua.
Ahora, un estudio ha elaborado un modelo sobre cómo será el color de los
océanos a lo largo del siglo según le vaya al fitoplancton. Con el
calentamiento, los mares seguirán siendo azulados o verdosos, pero con nuevas
tonalidades. Y el cambio de color indica toda una cadena de cambios en la vida
marina.
El mar es azul
porque refleja la luz azul. Cuando los rayos solares inciden sobre las
moléculas de agua la mayor parte del espectro de la luz (el arcoíris en el que
se descompone) es absorbida. Solo la banda del azul (en torno a los 443
nanómetros de la longitud de onda) rebota y, como sucede con el cielo, el mar
se ve azul. Pero no es un color puro, en realidad todo son tonos de azulados a
verdosos, con el turquesa entre medias. Y es así porque en el mar no solo hay
agua, también hay plantas, microorganismos y otros tipos de materia orgánica
que le dan su paleta de colores.
El fitoplancton
era, según se consideraba hasta no hace mucho, un conglomerado de algas
microscópicas que, como el resto de vegetales, cuentan con un pigmento verde,
la clorofila, para realizar la fotosíntesis. Y esto hace que la luz que más
refleje sea el verde, de ahí las tonalidades verdosas de muchas partes de los
mares. Aunque ahora los biólogos han complicado las cosas y en ese conglomerado
también habría cianobacterias y protistas, todos estos microorganismos viven de
la energía que obtienen de la luz y solar y, para sintetizarla, también usan la
clorofila, reforzando los tonos verdes. Desde hace unas décadas, la observación
desde satélites ha servido para inferir la presencia de clorofila como
indicador de la biodiversidad marina.
Ahora, un grupo de investigadoras de universidades de EE UU y
Europa han elaborado un modelo para estudiar cómo está afectando el cambio
climático al fitoplancton y, por tanto, al color del mar. La mayor parte del
calentamiento global lo están absorbiendo los océanos. Se estima que, de no
hacer nada para reducir las emisiones de CO2, la temperatura
media global de la superficie marina suba en 3º para finales de siglo. De ser
así, se producirían una serie de impactos en el ciclo de la base de la vida
oceánica, el fitoplancton. Bueno, ya se estarían produciendo.
"El
calentamiento de los océanos altera la circulación oceánica y la porción [de
aguas] del océano profundo que emerge a la superficie. El fitoplancton necesita
la luz (su fuente de energía) y nutrientes. Y la mayor parte de esos nutrientes
viene de las profundidades", explica en un correo la investigadora del
Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y principal autora del
estudio, Stephanie Dutkiewicz.
"Los cambios inducidos por el calentamiento están provocando que lleguen
menos nutrientes a la capa superficial, por lo que lo más probable es que el
fitoplancton disminuya en muchas partes del océano", añade esta experta en
la biogeoquímica del mar.
Uno de los procesos
biogeoquímicos más afectados por el cambio climático es el de la circulación oceánica: conforme a las diferencias de temperatura,
las aguas se mueven tanto verticalmente (en profundidad) como en latitud (hacia
y desde los polos). Con el calentamiento, esta circulación se está
ralentizando, aumenta la estratificación de la columna de agua y se reduce la
mezcla de aguas profundas y superficiales. Todo esto explica que la aportación
de nutrientes, en particular los macronutrientes, se esté reduciendo.
"Las temperaturas también afectan a cómo de rápido crece el
fitoplancton. Algunas especies adaptadas al agua caliente lo hacen más rápido
que otras adaptadas a las más frías. Así que, con un océano más cálido en las
regiones donde haya más nutrientes, unas aguas más calientes pueden aumentar la
cantidad de fitoplancton", recuerda Dutkiewicz. Así que habrá cambios
regionales en la composición, cantidad y distribución de las comunidades de
microorganismos marinos que colorean el agua.
Según los
resultados del estudio, publicado en Nature Communications,
buena parte del océano ya está cambiando de color y, para 2100, estiman que
hasta algo más del 50% de la superficie marina podría tener otro color.
"Los cambios serán muy sutiles, el ojo humano probablemente no los vea,
pero sí los sensores ópticos", aclara la investigadora del MIT. "Sí,
el mar seguirá siendo azul. Algunas regiones, grandes zonas al norte y al sur
del ecuador, los giros subtropicales, serán posiblemente más azules,
incluso", añade. Mientras, el verde se hará más presente en las aguas polares
y en las aguas costeras tropicales donde el fitoplancton lleve mejor el calor.
El modelo que han
usado para estudiar la evolución del color se venía utilizando para predecir
los cambios en el fitoplancton, las explosiones locales de algas o la acidificación
oceánica. Ahora, en los parámetros que han incluido han sumado otros elementos
presentes en el agua, además de la clorofila. En particular, detritus y otra
materia orgánica disuelta. Reconocen, sin embargo, que para acertar mejor con
el color del mar del futuro habrá que incluir otros constituyentes
microscópicos del agua marina, como son las bacterias, los minerales o la
propia salinidad del mar.
Jefferson Keith
Moore, biólogo marino en la Universidad de California en Irvine, publicó el año
pasado un estudio en la revista Science sobre los
efectos del cambio climático en el fitoplancton y las consecuencias globales de
su reducción. También publicó un resumen del mismo en la web del Foro Económico Mundial, Las plantas del mar, como llama al
fitoplancton, necesitan, además de sol, nutrientes como nitrógeno o fósforo. Si
la circulación oceánica es frenada por el calentamiento global, estos
nutrientes no llegarán a la superficie. Aunque el estudio se remite a un
escenario temporal algo lejano (el año 2300), sus resultados muestran que, al
haber menos plantas, habrá menos zooplancton (animales microscópicos) de los
que puedan alimentarse los peces pequeños, que reducirán sus poblaciones,
lo que pondría en aprietos a los depredadores más grandes, como delfines,
tiburones o humanos. Y todo empezará con un cambio en el tono del azul del mar.
martes, 18 de diciembre de 2018
Tuberculosis, la enfermedad de los vulnerables de Sudán del Sur
En 2017, murieron 3.510
personas, según cifras oficiales
De una población de 20.440 personas potencialmente
infectadas, se diagnosticaron 11.364 casos nuevos y murieron 3.510 personas en
2.017.
Primero
viene una tos seca, con mocos y sangre. Luego, las bacterias infectan los
pulmones comiéndose los tejidos. Llegan los sudores nocturnos y la fiebre
aumenta. Al cabo de los días, el cansancio es extremo y viene acompañado por
falta de apetito y la consecuente pérdida de peso. Si no se trata, la tuberculosispulmonar debilita gravemente a
las personas, que terminan demacradas. Finalmente, los pulmones se llenan de líquido, causando
insuficiencia respiratoria crónica. En esa etapa, el tratamiento es ya inútil.
El paciente morirá.
En
los campos de refugiados de Sudán del Sur, estos síntomas
son reconocibles para la mayoría de las personas; saben que deben acudir a un
médico tan pronto como aparezcan y se sientan enfermas.
En la
sala de aislamiento del hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el campo de
Protección de Civiles (PoC) de Malakal, hay un joven sentado junto a su cama:
enjuto y con un traje sucio y mal ajustado. A su lado, su anciana madre se
preocupa por su aspecto y, como todos los visitantes de la sala, lleva una
máscara en la boca para prevenir la propagación de la tuberculosis.
A pesar
de la insistencia de la mujer, que le dice que se está recuperando, el joven se
ve frágil y apenas habla. Es tan delgado que se ata un trozo de cuerda
alrededor de la cintura para sujetarse el su pantalón. En el suelo, tiene un
cuenco que usa como escupidera. La enfermedad ha avanzado, pero todavía existe
la posibilidad de que se recupere, aunque solamente lo logrará con medicación y
tratamiento adecuado.
MSF
brinda tratamiento contra la tuberculosis tanto para los desplazados del PoC
como para los habitantes de la ciudad vecina. De una población de 20.440
personas potencialmente infectadas, se diagnosticaron 11.364 casos nuevos y
murieron 3.510 personas en 2017, según cifras oficiales. Esto representa una
cifra en Sudán del Sur aproximadamente 13 veces mayor que la media de la Unión
Europea.
Sin
embargo, es casi imposible encontrar cifras precisas sobre casos de
tuberculosis debido al constante movimiento de la población que huye de la
violencia y a la falta de instalaciones médicas en las zonas inestables. Así
que el número de casos podría ser aún mayor.
La
tragedia de la nación más joven de África es que la tuberculosis se puede
tratar, incluso en sus etapas avanzadas, "pero en un campo de
refugiados, donde las personas se amontonan en chozas,
viviendo unas encima de otras, la enfermedad se transmite fácilmente.
La tuberculosis es principalmente una enfermedad de los vulnerables",
explica Harry Aichner, médico de MSF en Malakal.
"Muchas
personas viven con tuberculosis latente; pero tienen un sistema inmunológico
fuerte y pueden vivir mucho tiempo sin que se detecte o enfermen", añade
desde el hospital de MSF.
Hay
muchas formas de tuberculosis, pero en Sudán del Sur la pulmonar es el tipo más
diagnosticado y representa el 80% de los casos.
Podría
decirse que los pacientes de tuberculosis en Malakal tienen suerte, porque
tienen acceso a servicios de salud. No obstante, las condiciones de vida en el
asentamiento son terribles. El campo ha estado siempre densamente poblado.
Actualmente, el área de asentamiento de cada persona es de
17 metros cuadrados de media, cuando el estándar humanitario mínimo
es de 30 metros cuadrados. Hace dos años la población era el doble de lo que es
ahora y vivía en la mitad de espacio. Son las condiciones perfectas para la
propagación de la tuberculosis pulmonar.
"Estaba
teniendo fiebre, esta iba y venía. Creo que me contagié de un amigo. Me han
dicho que estaré bajo cuidado durante tres semanas", apunta un hombre de
unos 30 años.
Muchas de estas personas han perdido sus hogares y han sido testigos de cómo
el conflicto se cobraba la vida de amigos y familiares. Los hombres en edad de
luchar en el frente tienen miedo de abandonar el campamento, que está protegido
por la ONU, por temor a ser reclutados en una de las milicias, o directamente
asesinados.
Resistencia
a los medicamentos y tratamiento tóxico
La guerra
civil en Sudán del Sur ha obligado a muchas personas a huir de sus hogares,
alejándose de los centros de salud disponibles. Además, a medida que los fondos
para el sistema de salud se evaporan, los hospitales y clínicas existentes
antes de los combates tratan a duras penas de permanecer abiertos.
Se estima
que una de cada tres personas en está desplazada en este país o
vive como refugiada fuera de este. En ambas circunstancias, conseguir
diagnóstico y tratamiento para la tuberculosis es increíblemente difícil.
La
mayoría de los pacientes en Malakal han debido desplazarse varias veces debido
al conflicto. Cada vez que la línea del frente se acerca a una población, las
familias toman lo que pueden y huyen hacia la zona boscosa. Para los pacientes
con tuberculosis, esto puede significar perder la posibilidad de tener
medicamentos vitales y asistencia médica.
Sin
tratamiento, las bacterias de la tuberculosis pueden adaptarse, crecer,
fortalecerse y desarrollar inmunidad a los medicamentos más comunes. Cuando
esto ocurre, los equipos de MSF necesitan encontrar fármacos alternativos, que
a veces pueden ser tóxicos, con lo que se requiere que estos casos se
monitoricen de cerca. Con estas complicaciones añadidas, los pacientes tardan
más en recuperarse.
El estrés
que provoca vivir en una zona de guerra aboca a muchas personas al consumo de
alcohol y otras sustancias. Para algunos de los habitantes del PoC de Malakal,
ese es el único modo de liberar las presiones del día a día de un conflicto.
"El abuso del alcohol agrava los efectos de la tuberculosis,
ya que debilita el sistema inmunológico, disminuido ya por la
desnutrición", dice Aichner. Además, el consumo excesivo de alcohol
también puede afectar a la medicación y causar daño hepático".
Muchos de
los pacientes que están en la sala de aislamiento del hospital de MSF admiten
que beben mucho y que gastan hasta seis dólares a la
semana en alcohol. Esta es una suma colosal en un lugar donde hay
pocos empleos y casi todos sobreviven gracias a la asistencia de organizaciones
humanitarias. "Muchos bebedores terminan por vender sus raciones de comida
para comprar marisa, el alcohol local", añade el médico.
Para
muestra, el relato de un joven de 27 años que vive desplazado en el PoC de
Malakal: "Bebía alrededor de medio litro de marisa todos los días. Empecé
a sentirme mal y a toser. Perdí el apetito y he perdido peso. En total, he
pasado tres semanas en el hospital".
Huir
hacia Sudán
La
tuberculosis se ha extendido hacia el norte y cruzado la frontera hacia los
campamentos de refugiados en el estado del Nilo Blanco (en Sudán) por medio de
los refugiados que huyen de la violencia. Solo en 2017, 53.000 personas
buscaron refugio en estos asentamientos. A algunos de ellos les llevó tres
semanas hacer el viaje a través de la frontera hasta el mega campo de Khor al
Wharal, al que llegaron débiles y desnutridos.
MSF
brinda atención en ambos lados de la frontera a lo largo de la ruta principal
de migración. Los equipos trabajan arduamente para cubrir las necesidades
médicas de la población, muy cambiantes debido al gran flujo de refugiados. El
programa de tuberculosis se desarrolla en el lado sudanés de la frontera en los
campos de refugiados de Khor al Wharal y Al - Kashafa.
La
mayoría de los refugiados viven con una dieta basada casi exclusivamente en el
sorgo. La mala nutrición puede llevar a un paciente recuperado de tuberculosis
a una recaída, ya que su sistema inmunológico permanece debilitado. Este círculo vicioso puede repetirse una y otra vez.
"El
tratamiento puede ser difícil, especialmente para los refugiados que no tienen
acceso a una buena alimentación", explica Yumo Arop, auxiliar clínico de
MSF en Khor al Wharal. "Cuando alguien comienza a tomar sus medicamentos,
su apetito aumenta repentinamente. Pero si no tienen qué comer, el hambre pude
provocar terribles dolores, con lo que muchos pacientes dejan de tomar sus
medicamentos por completo".
En 2016,
MSF desarrolló un programa especializado de tratamiento y capacitación en
tuberculosis para el Ministerio de Salud. Los logros fueron inmediatos en 2017:
de los 190 pacientes en tratamiento de tuberculosis en el campamento de
refugiados de Khor al Wharal, el 66% se recuperó completamente.
Si bien
la tasa de infección de TB es definitivamente mayor en la población de
refugiados, la comunidad local de acogida también se está beneficiando del
tratamiento avanzado que ofrece MSF. Hameia Hamed Kameh, una anciana sudanesa,
ha visto cómo ha cambiado su vida después de haber dejado la cama donde la tenía
postrada la tuberculosis que afecta a su columna vertebral. "Con la ayuda de mis amigos y familiares, fui al
hospital de MSF. Otros médicos cobran mucho dinero por la atención, y además me
diagnosticaron mal. El tratamiento de MSF es gratuito", dice.
La guerra
en Sudán del Sur ha tenido un coste enorme para su gente y ha convertido una
enfermedad tratable como la tuberculosis en un desastre mortal para la salud
pública. La comunidad internacional debe hacer más para apoyar los sistemas de
salud en Sudán del Sur, especialmente en lugares como el estado del Alto
Nilo. La inversión en atención médica (personal
sanitario, instalaciones y suministros) puede traer un cambio real a la vida de
estas personas, incluso en los momentos más sombríos.
lunes, 17 de diciembre de 2018
Los cuatro últimos
años han sido los más calurosos de la Historia reciente
Los cuatro últimos años han sido los más calurosos registrados
hasta la fecha, según ha confirmado la Organización Meteorólica Mundial (OMM),
en la antesala de la conferencia del cambio climático (COP24) que se celebra en
Polonia desde este fin de semana. El informe "State of
the Gobal Climate 2108", confirma que el año en curso será el cuarto más cálido,
con temperaturas de 0,98 grados por encima de la era preindustrial.
Los 20 años más calurosos se han registrado precisamente desde
1996. La OMM advierte que la temperatura global
puede subir de tres a cinco grados con la tendencia acutal de
aquí a finales de siglo, muy por encima de la
"línea roja" de los dos grados fijados por el acuerdo
de París (y del compromiso de perseguir esfuerzos para limitar la subida a 1,5
grados).
Las emisiones de gases invernadero han alcanzado un nuevo
récord, después de la "estabilización" experimentada en los últimos
cuatro años. La OMM estima que el mundo debe triplicar sus esfuerzos para no
superar el "límite" de los dos grados, y multiplicarlos por cinco
para no superar la línea de seguridad de 1,5 grados.
"No estamos ni mucho menos en el camino para alcanzar los objetivos ante el cambio climático",
ha advertido el secretario general de la OMM Petteri Taalas. "Si
explotamos todos los recursos de combustibles fósiles, las temperaturas subirán
considerablemente por encima".
"Somos la primera generación que entiende el alcance del
cambio climático y la última generación que será
capaz de hacer algo para paliar los efectos", ha advertido el
meteorólogo finlandés, en una renovada llamada a la acción a los líderes
políticos.
Según el último informe de la OMM, el fenómeno meteorológico
conocido como La Niña, que contribuye a un descenso de las temperaturas en la
superficie del mar, ha mitigado hasta cierto punto el calentamiento global en
el 2018. En el 2019, sin embargo, existe un 80% de posibilidades de que vuelva
a producirse el contrapunto, conocido como El Niño, con un aumento de las
temperaturas en el Océano Pacífico que suele provocar olas de calor en
Australia, inundaciones en Suramérica y sequías en Asia y África.
La subida de las temperaturas han disparado
los episodios de clima extremo en el último año, con 70
ciclones tropicales (frente a la media de 53) que han afectado sobre todo a
Vietnam, Filipinas y Corea y huracanes en el Caribe y en las costas
norteamericanas. Las olas de calor golpearon el centro y el norte de Europa,
con incendios devastadores en Grecia, Suecia, Canadá y California. Las
inundaciones intensificaron en regiones como el este de África y Japón y
forzaron el desplazamiento de hasta 1,4 millones de personas en Kerala (India).
"Cada fracción de un grado significa una gran
diferencia para la salud humana y para el acceso a comida y
agua potable", advierte en declaraciones en The Guardina la subsecretaria
general de la OMM, Elena Manaenkova. "Estamos hablando también de la
extinción de animales y de la desaparición de las barreras coralinas y de la
vida marina".
El informe State of the Global Climate 2018 advierte también
sobre los efectos de la desaparición del hielo en el Artico, que alcanzó el
tercer mínimo histórico en marzo y el sexto nivel mínimo en septiembre. La OMM
abvierte que los mares están absorbiendo una cantidad récord de calor y que el
proceso de acidificación oceánica se está intensificando.
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