jueves, 1 de junio de 2017

¿Mejor en Alepo que en Córdoba?

Una familia siria decide regresar tras cinco meses en Argentina. Huían de las bombas pero no se adaptaron. Desde allí dicen que están mejor y no se arrepienten de haber vuelto.

El día que Tawfiq Touma lo dijo por primera vez, nadie podía creerlo. "Me quiero volver a Alepo, no puedo más, echo de menos demasiadas cosas". Tawfiq vivía con su mujer, Ani, y sus dos hijas adolescentes en Pilar, un pequeño pueblo cercano a Córdoba, a 700 kilómetros de Buenos Aires. Habían llegado allí con un programa de acogida de sirios, huyendo de la guerra. Pero no lograron adaptarse y preferían volver.
Argentina, tierra de inmigrantes, tiene una comunidad de origen sirio importante —el expresidente Carlos Menem lo es y también la esposa de Mauricio Macri, Juliana Awada— y ha decidido abrir las puertas para que lleguen refugiados. Pero las cosas no son tan fáciles como pueden parecer. Solo han aparecido medio centenar de los 3.000 esperados y algunos están pensando en volverse, porque la adaptación es muy dura y el idioma muy complicado.
Los Touma son los primeros que regresan. Estaban desesperados. Tanto que prefirieron volver a su tierra, devastada por una guerra civil que ha dejado entre 320.000 y 450.000 muertos, 1,5 millones de heridos y cinco millones de refugiados. En el aeropuerto de Buenos Aires, hace un par de semanas, Tawfiq y Ani, nerviosos pero convencidos de su decisión, trataban de explicar a EL PAÍS por qué creían que estarían mejor en Alepo, corazón del drama sirio, que en la tranquila campiña argentina. "Ya no hay guerra, está más tranquilo, sobre todo nuestro barrio", insistía pocos minutos antes de partir. A su lado, mientras sus hijas revoloteaban antes de subir al avión, inquietas ante la aventura, su mujer trataba de explicar una decisión que descolocó a todos. "Mi marido quiere volver. Hace falta mucho trabajo para vivir aquí y no lo conseguimos. No conectaba con nadie, se pasaba todo el día fumando, ansioso, no tenía amigos. Aquí es lindo, pero también en Alepo hay cosas lindas". Parecían incluso molestos con la incomprensión de algunos.
Tawfiq tiene la espalda destrozada porque se le cayó un televisor encima tras una explosión. No puede hacer trabajos pesados. Y como nunca logró aprender español, tampoco podía aspirar a otro tipo de oficio. En Alepo tiene una perfumería, y allí volvió. Esta semana ha enviado a sus contactos en Argentina mensajes de voz diciendo que están bien, que su casa y la perfumería seguían en pie. Ha enviado fotos de la tienda llena de cosas, lista para vender. Dicen que la vida es difícil en Alepo, pero no se arrepienten de volver.
"Estamos muy bien, estamos contentos de estar aquí", repiten en los mensajes Tawfiq y Ani. Les cuesta comunicarse porque que apenas tienen unas horas de electricidad. No hay agua potable, hay que comprar garrafas. No hay posibilidad de tener una nevera porque no hay apenas luz, la van cortando por barrios, así que compran la comida del día. Está buscando dinero para volver a fabricar sus propios perfumes.
La historia de los Touma forma parte de un documental, Aryentin, que cuenta el periplo de seis familias sirias que han llegado al país austral huyendo de la guerra. Producido por el Grupo Documenta, integrado por Fernando Lojo, Carlos Celaya, Gonzalo Lantarón, Darío Arcella, Marina Rubino y Macarena Macro, el proyecto sigue los pasos de los inmigrantes y su intento por adaptarse a un país tan diferente y lejano. Hay casos de éxito, algunos de fracaso y otros muchos de dudas.
El Gobierno argentino solo hace la gestión y entrega los visados dentro del llamado Programa Siria, pero es el "llamante", un argentino voluntarista, el que tiene que hacerse cargo de las familias durante un año. Hay otra familia en Córdoba que se peleó con la persona que les había traído y está refugiada en una iglesia. Tuvo que intervenir incluso la policía.
Los Touma tuvieron suerte. Su llamante, un argentino de Pilar que prefiere que no se publique su nombre porque cree que si lo hiciera su decisión no sería realmente altruista, se hizo cargo de todo. Les consiguió una casa, colegio para las niñas, hasta un coche. Y les pagaba todos los gastos. Lo puso todo para que se adaptaran. De hecho, les llamó porque tenía ya acogida otra familia siria, los Barbar. La mujer, Mari, es hermana de Ani, la madre de los Touma. También tienen dos hijas.
Hafez Barbar consiguió trabajo rápidamente, al contrario que Tawfiq. También tiene fuertes heridas de la guerra, sobrevivió a un coche bomba que le tuvo un año y medio en cama, pero es un buen soldador y logró colocarse en el pueblo. Sin embargo, su mujer empezó a sufrir nostalgia de Siria. Estaba cada vez peor. Y el llamante pensó que la mejor manera de resolverlo era traer a su hermana con los suyos. Las dos familias se reunieron pero Tawfiq no tenía ningún oficio y nunca consiguió adaptarse.
"Mi problema era la espalda y el idioma. No puedo conseguir un trabajo para mantener a mi familia. No puedo vivir toda la vida de otra gente, quiero ser independiente. Vinimos para cambiar de vida, para tener un futuro mejor para nuestros hijos. Pero no podía lograrlo aquí y tenía miedo de perder más cosas. En Alepo están mis amigos, mi familia, viví toda mi vida allí, me cuesta construir eso de nuevo en Argentina. No me acostumbré", explica Tawfiq, que entiende que sorprenda pero recuerda que es algo que le pasa a muchos emigrantes. "Cuando vine acá se me fue el miedo que tenía cuando me fui", insiste.
El llamante está frustrado aunque tranquilo al saber que los Touma están bien en Alepo. Las dos familias son cristianas, y fue un cura argentino que vive en Siria el que les animó a viajar al país austral y les desaconsejó que se volvieran. "Yo pensé que lo importante era sacarlos de la zona de guerra. Pero ellos venían a buscar una vida mejor. Fue más fuerte el deseo de volver que el miedo. Dice que la guerra se ha trasladado. Él quiere mucho a sus hijas, no creo que sean tan suicidas de ir si hay peligro de muerte. La inmigración ha cambiado mucho. Hace 100 años cuando te ibas rompías todo el vínculo. Los Touma estaban conectados a Alepo con WhatsApp a diario. Estaban seguros de que podían volver y de momento están bien aunque con muchas limitaciones. Él no veía que en Argentina pudiera ganar lo necesario para vivir, esto es mucho más caro que Siria", explica.
Un pequeño robo de unas mochilas en la casa que les habían conseguido en Pilar también contribuyó a la desesperación de los Touma. Además, eran gente de ciudad que no se acostumbró a la vida en una zona rural. Insistían mucho en el terror que les provocaban los perros callejeros, por ejemplo. Pese al fracaso, al llamante le queda una satisfacción: los Barbar sí se quedan. "Hafez me dijo 'no hay marcha atrás. Yo no tengo donde volver". Los Touma prefirieron Alepo. Y de momento no se arrepienten.


miércoles, 31 de mayo de 2017


El paramilitarismo sí existe


El parlamentario colombiano Alirio Uribe denunció en su cuenta de Twitter que el “Paramilitarismo sí existe, sino es el Ejército” este trino del doctor Uribe, lo hace en respuesta a las declaraciones de altos funcionarios del gobierno del presidente Juan Manuel Santos, que niegan la existencia del paramilitarismo, especialmente el ministro de Defensa Luis Carlos Villegas, encargado de ordenar a las Fuerzas Militares, combatir a estas bandas criminales. Con este trino el legislador colombiano deja claro que sí no existe el paramilitarismo, entonces las violaciones, asesinatos, desapariciones de personas, son acciones que ejecuta el Ejército.
Las declaraciones del congresista que representa en la Cámara de Representante al Polo Democrático, están basadas en la alarmante cifra de más de 2,600 casos de violaciones a los derechos humanos en el año 2016, denunciados por el prestigioso Centro de Investigaciones y Educación Popular. (Cinep).
El diario colombiano El Espectador, del pasado 3 de mayo da a conocer el informe del Cinep y del Programa por la Paz, que tituló: “El paramilitarismo SÍ existe”. En clara respuesta al discurso del Gobierno y la Fuerza Pública, que ante las denuncias por asesinatos, amenazas y ataques a líderes políticos y defensores de derechos humanos han sostenido que no se trata de casos sistemáticos sino de hechos aislados, y que el paramilitarismo no existe. Según los datos consignados en la investigación, durante 2016 grupos paramilitares amenazaron a 395 personas, ejecutaron extrajudicialmente a 83, hirieron a 44, desaparecieron a nueve y torturaron a 12.
La guerra sucia y la utilización del paramilitarismo por el establishment para el exterminio de los sectores políticos progresistas, democráticos, de izquierda, líderes sociales y defensores de derechos humanos no se han extinguido, muy por el contrario hoy tienen tanta fuerza como cuando en su más amplio esplendor lograron controlar más de 20 departamentos de los 32 que integran la geografía colombiana.
El paramilitarismo cobra fuerza en Colombia luego que el ex presidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez, durante su mandato como gobernador del departamento de Antioquia, con el apoyo del entonces ministro de Defensa Fernando Botero Zea, en el segundo semestre de 1994 promueven una ley para legitimar las llamada Convivir (Cooperativas de Vigilancia Privadas). Fue con estas cooperativas utilizadas por los terratenientes y narcotraficante que se aplica la política contrainsurgente de “tierra arrasada” en numerosas zonas campesinas.
Fue con las Convivir que los paramilitares lograron su despliegue nacional, se consolidaron en Antioquia, establecieron su Estado Mayor en el Nudo de Paramillo y se extendieron por todos los departamentos de la zona atlántica y pacífica, precisamente por donde están las salidas y rutas del narcotráfico.
Es innegable que continúa la guerra sucia, en 2016 se les atribuyen a los paramilitares 550 hechos con víctimas y a actores no identificados otros 833, según la base de datos del Cinep, todos ellos eran líderes populares, dirigentes sociales, políticos de izquierda y defensores de derechos humanos. En los que ha transcurrido de este año, varias decenas de estos líderes han sido asesinados o desparecidos por los paramilitares, los que utilizan diversos nombres, como “Aguilas Negras”, Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), “Los Rastrojos” y los “Urabeños” entre otros.
Con el desarme de la insurgente FARC-EP, el paramilitarismo ha ido ocupando el territorio dejado por estos y lo más preocupante para esa población campesina es que el Gobierno no toma medidas y niega las graves violaciones de derechos humanos y los crímenes que estas bandas continúan cometiendo.
Según el Cinep el fenómeno del paramilitarismo no ha desaparecido en Colombia.


jueves, 25 de mayo de 2017

Las lecciones que el terrorismo sí aprendió

Un año y medio después de proclamar el califato —junio de 2014—, el Estado Islámico (ISIS en inglés) no sólo inspiraba ideológicamente a lobos solitarios en el mundo, sino que tenía la capacidad de formar células con nexos operativos, como las que atentaron en Ankara (Turquía) o en París (Francia).
Los atentados en Berlín, Niza, Londres y ahora en Mánchester ponen en evidencia que el terror es inevitable y, como diría el ex primer ministro francés Manuel Valls, “un hecho con el que tenemos que acostumbrarnos a vivir”. Pero, más que acostumbrarnos (por la frecuencia que ha convertido al terror en algo casi cotidiano), hay que aprender a lidiar con él.
Un día después de que Salman Abedi, de 22 años, muriera al provocar el estallido de la carga explosiva que llevaba encima en la sala de espectáculos Manchester Arena, dejando 22 muertos y 59 heridos, la primera ministra británica, Theresa May, anunció que el Reino Unido elevaba su nivel de alerta a crítico, el máximo en una escala de cinco.
Un portavoz policial aseguró que el autor del atentado, que había viajado a Libia hace una semana, formaba parte de una célula yihadista. “Está muy claro que lo que estamos investigando es una red”, dijo. Es decir, que la pesadilla continúa y en un escenario cada vez más incierto. 
Desde que el Estado Islámico irrumpió con una serie de atentados sangrientos en Europa, principalmente, los ataques terroristas se han convertido en algo rutinario (no normal). Cualquiera armado con un carro o un cuchillo puede ser un terrorista en potencia. Una vigilia en Birmingham (centro de Inglaterra), en solidaridad con las víctimas de Mánchester, fue interrumpida después de que la policía detuviera en las inmediaciones a un hombre con un arma blanca y un bate de béisbol.
Y aunque los organismos de inteligencia hayan logrado prevenir cientos de ataques, lo cierto es que el terrorismo de hoy es un reto para investigadores y gobiernos que todavía luchan por encontrar la mejor manera de lidiar con el problema.
En los últimos tres años ha habido una explosión en la frecuencia de los ataques terroristas contra los países occidentales, y en la letalidad de estos eventos. Desde el brutal ataque a París en noviembre de 2015 (130 muertos) hasta las bombas de marzo de 2016 en el aeropuerto de Bruselas y la estación de metro de Maalbeek (32 muertos), hasta el camión de carga en Niza (86 muertos), el furgón que golpeó un mercado de Navidad en Berlín (12 muertos) y ahora una potente bomba en un concierto de Ariana Grande, el mensaje es que no hay lugar realmente seguro. Hay tantos otros ejemplos recientes. Un sacerdote cuya garganta fue cortada en medio de un servicio en Normandía. Un atacante en Magnanville que mató a una pareja y luego transmitió en Facebook Live horas de amenazas contra su hijo de tres años. Y el atacante suicida en un concierto en Ansbach (Alemania), que hirió a 15, como recuerda The Atlantic.
El filósofo francés Phillippe-Joseph Salazar, experto en terrorismo islámico y autor del libro Palabras armadas: Comprender y combatir la propaganda terrorista, le dijo al periódico El Mundo que el error que se cometió al enfrentar a este nuevo enemigo fue subestimarlo. “El discurso de fundación del califato en la mezquita de Mosul fue una magnífica descripción de lo que venía y nos reímos de él en lugar de tomar medidas (...). El resultado: nunca nos preparamos para estos atentados, porque pensamos que eran locos, marginados o enfermos mentales”.
Cuando estalló la Primavera Árabe, en 2011, muchos organismos de inteligencia interpretaron los hechos como “un golpe al extremismo”. Se equivocaron. Esas revoluciones y sus consecuencias impulsaron el movimiento yihadista. “La guerra civil en Siria y el caos sembrado en Libia luego de la muerte de Muamar Gadafi colocaron a los extremistas al frente de los principales conflictos del mundo”, explican expertos del Royal United Services Institute.
Grupos como el Estado Islámico, que se adjudica cuanto atentado ocurre en el mundo, aprendieron a utilizar las redes sociales para popularizar su causa, sin dejar de aprovechar las redes en el terreno de Al Qaeda para mover devotos a sus santuarios en Siria e Irak. El EI incluso se convirtió en pionero de un modelo de planificador virtual para dirigir a sus operarios desde lejos.
El investigador Charlie Winter, del Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización y la Violencia Política, señala en BBC que es la hora del terrorismo low cost: “Se hacen operaciones cero sofisticadas, pero de gran impacto”. El terrorismo aprendió la lección. El autor del libro Inside Terrorism, Bruce Hoffman, explica en The Guardian que “para las organizaciones yihadistas, la capacidad de innovar es una necesidad, no un lujo. Los grupos terroristas tienen el imperativo organizacional de aprender. A medida que se enfrentan a una serie de desafíos internos y externos, estos grupos se adaptan rápida y creativamente”.
El EI fue uno de los primeros en usar drones. Lanzó más de 70 en sólo dos días durante el comienzo de la ofensiva en su contra en Irak. Y además estableció un impresionante aparato comunicacional para hacerse omnipresente en las redes sociales, antes de Twitter. “Estableció una marca como cualquier organización, e incluso impuso el desarrollo del aprendizaje en línea”, añade Hoffman.
Todavía no se sabe si Salman Ramadan Abedi contaba con una red. Lo que sí está claro es que hablaba sobre el valor de morir por una causa. ¿Cuál?


martes, 16 de mayo de 2017

Siguen las muertes en el mar
Italia tiene cada vez más problemas para gestionar la presión de inmigrantes y refugiados


Como se temía, sellada la frontera de los Balcanes, la presión de las oleadas de migrantes y refugiados se ha desplazado a Italia, que cada vez tiene más dificultades para gestionar los contingentes que llegan y que se suman a las 180.000 personas que se acumulan en sus campos de acogida. Con la mejora del tiempo, los flujos se intensifican y también las víctimas de una travesía que la crueldad de las mafias hace cada vez más peligrosa. En lo que llevamos de año han muerto ya, según ACNUR, más de 1.200 personas. Solo en el pasado fin de semana llegaron a las costas italianas 7.300 migrantes y al menos 245 murieron pese a la intensa labor de vigilancia del programa Frontex y la labor de rescate de las organizaciones humanitarias.

La situación ha dado lugar a los primeros y lamentables intentos de explotación partidista del problema por parte de organizaciones de extrema derecha nacionalista. Instancias judiciales han culpado además erróneamente a las organizaciones humanitarias del drama de los naufragios. Afirman que con sus labores de rescate contribuyen a facilitar el negocio de las mafias. Pero que las mafias sean tan inhumanas como para abandonarlos a su suerte no es óbice para desatender la obligación de salvar y rescatar a quienes han iniciado el viaje y están en peligro.

En lugar de buscar la culpa en quien no la tiene, deberían revisarse los planes vigentes. Es escandaloso que, como se ha comprobado en una dramática grabación de hace tres años conocida ahora, 268 personas murieran ahogadas, entre ellas 60 niños, porque los servicios de rescate de Italia y de Malta se pasaron la pelota durante horas de a quién le correspondía el rescate. Un médico sirio, que perdió a dos hijos, había pedido angustiosamente ayuda varias veces. La burocrática e insensible respuesta es digna de figurar en los anales de la ignominia. Aunque se hable menos de ella, la crisis de los refugiados sigue abierta y sigue muriendo gente en el mar.

jueves, 2 de marzo de 2017

A 'puebliar' al estilo francés
Más allá de París, una guía para explorar Francia y su costa. Ruta medieval en el sur de la Bretaña.
Con más de 36.000 comunas (desde caseríos hasta ciudades), Francia es la meca de los pueblitos, las iglesias, los caminos empedrados y los castillos. Y recorrerlos es el plan perfecto para conocer la esencia de este país.
Una de las regiones ideales para tomar el volante y empezar es el sur de la Bretaña, península al noroeste de Francia con una fuerte identidad cultural y de tradición pesquera. Josselin, Locronan, Concarneau y Pont Aven son algunos sitios de este recorrido, llenos de historia, gastronomía y arquitectura medieval.
La capital de la región, Rennes, se encuentra a solo cuatro horas de ruta de París o a dos horas en tren. De ahí se parte hacia Josselin, a 81 kilómetros. La vía de acceso pasa junto a un río, el canal de Nantes, que abraza un castillo de hace cerca de mil años y lleva el mismo nombre del pueblo. Erigido en el siglo XI, ha sido construido y reconstruido varias veces. Las guerras contra Inglaterra en el Medioevo, las religiosas y las de Secesión del pueblo bretón para liberarse de Francia lo moldearon hasta dejar una fortaleza de cuatro torres.
Hecho en piedra y granito, recoge varios estilos arquitectónicos: un costado de la fachada es medieval, mientras que el otro –esculpido en el siglo XVI– refleja el estilo gótico del Renacimiento bretón. Dentro, donde las fotos no son permitidas, se impone el neogótico de finales del siglo XIX. Aún habitado por los herederos de Rohan, la primera planta fue adaptada para recibir a los turistas. En el recorrido se conocen obras de arte y lujosos muebles. Fuera del castillo está el Museo de Muñecas y Juguetes, donde se exhiben más de 5.000 piezas. Pero es el mercado de los sábados el que se roba el protagonismo de Josselin. Entre las 7:30 de la mañana y el mediodía, los productores locales llenan las calles de carnes, frutas y legumbres, también pan, miel fresca, charcutería fina, quesos con varios niveles de maduración, vinos, ropa y hasta platos calientes.
La ‘cité’ de los pintores
A una hora está Pont-Aven, ‘la cité de los pintores’, con sus molinos de agua, sus flores silvestres y sus casas al borde del estuario del río Aven. Gracias al pintor posimpresionista Paul Gauguin, este pueblito de 3.000 habitantes se hizo conocido. Él retrató a los habitantes, en especial a las bretonas en su traje típico: un vestido negro con bordados de flores coloridas, delantal blanco y, en la cabeza, una cofia decorada con encajes.
El placer de Pont Aven está, además de las galerías de arte que inundan la ciudad, en recorrerla a pie y atravesar las cadenas de puentes de madera que atraviesan el río. No hay que dejar de probar las galettes, que no son otra cosa que crepes, su producto gastronómico más conocido.
Vivir la vida del marinero
Tomando de nuevo la ruta, hacia el occidente, está el puerto de Concarneau, ciudad pesquera de costas rocosas. Con más de 20.000 habitantes, está llena de rincones pintorescos para recorrer a pie. Sobresale Ville Close, isla medieval amurallada con caminos de piedra, casas antiguas, restaurantes y tiendas.
Ahí, el Museo de la Pesca exhibe antiguas y modernas herramientas de trabajo, barcos pesqueros a escala y en tamaño real, como el Hémérica, afirmado al muelle y abierto para acercar turistas al mundo de los marineros. En tierra firme hay rincones curiosos como El Marinarium, con su acuario de 120.000 litros, y la capilla de la Cruz, a 15 minutos de caminata por el borde del mar. Dentro hay un navío a escala para proteger a los marineros que se iban durante meses al mar. “Eso explica la sociedad matriarcal bretona. Ellas se quedaban en tierra firme y lidiaban con los problemas del pueblo”, dice una guía. Cuenta la leyenda que Luis XIV, en el siglo XVII, mandó a destruir los campanarios de varias iglesias porque los bretones se negaron a pagar un alza en los impuestos y que, como protesta, las mujeres elevaron a 30 centímetros la altura de sus cofias. Pero los historiadores coinciden en que el cambio se dio en el periodo entreguerras, para recuperar una tradición y como símbolo de belleza.
Concarneau es especialista en los platos y conservas con base en sardinas y atún –cada año extraen 100.000 toneladas–. Además de pescado, se consiguen mejillones, ostras y almejas, que se venden a pregones, todos los días desde las seis de la mañana, en los mercados. Es una ciudad con una amplia oferta hotelera –incluso hay un económico albergue de juventud, junto al Marinarium– y en verano, los deportes náuticos y los bañistas se toman las aguas.
Catedrales históricas
Quimper, 27 kilómetros al occidente de Concarneau y con 64.000 habitantes, es una de las ciudades emblema de Bretaña. En idioma bretón, único de esta región, su nombre significa “encuentro entre ríos”. Desde el río Odet se ve la catedral de San Corentín. Es una joya gótica del siglo XIII, cuya construcción duró seis siglos y se hizo sobre otros edificios prerromanos y romanos que datan del año 830.
Una de sus peculiaridades es su forma en cruz latina, un poco torcida. Según el guía de la oficina de turismo de Quimper, “algunos dicen que es para evocar la inclinación de la cabeza de Jesús en la cruz, pero la verdad es que el terreno era inestable y no hubo más remedio que desviar parte del edificio”. Su centro histórico, de calles angostas, está bien preservado. Hay cafés, un mercado, boutiques de ropa, joyerías y restaurantes por doquier. Y cerca está el jardín de Locmaria, que aunque es moderno, se creó para retratar el estilo medieval y cristiano de corredores de flores y plantas aromáticas.
El recorrido continúa a 20 minutos de carretera hacia el occidente, hasta el cinematográfico Locronan –Roman Polanski grabó ahí su película Tess–. Ahí se preservan intactas las fachadas medievales de granito gris que en primavera contrastan con las hortensias violetas, borgoña y azules. Su principal atractivo es la iglesia de San Ronan, a la cual se le atribuye el poder de la fertilidad. Fue uno de los templos preferidos de la duquesa Ana de Bretaña, quien, tras ver morir seis de sus bebés, oraba allí, desesperada por dar a luz un hijo sano.
Al ser la única heredera de Bretaña, la monarquía francesa buscó a toda costa sellar matrimonios que ataran el futuro de la península a su reino, todo en contra de la voluntad de la duquesa, que deseaba la independencia bretona. A los 21 años ya se había casado con un emperador y dos reyes que terminaron por anexar la península a Francia, en el siglo XVI.
Misterio neolítico
Una buena manera de terminar el recorrido es devolverse en el tiempo, 125 kilómetros hacia el oriente, o una hora y media de recorrido. Carnac y Locmariaquer, más que pueblos son cúmulos de rocas de todos los tamaños muy alineados. Son a Francia lo que Stonehenge a Inglaterra.
En Carnac hay cerca 4.000 megalitos dispuestos en 11 filas a lo largo de 5 kilómetros, que datan de entre los años 2.000 y 5.000 antes de Cristo, en el periodo neolítico.
Y en Locmariquer hay una enorme roca (Menhir o piedra de pie) de 21 metros y 300 toneladas. Nada explica cómo llegó hasta ahí, en plena Edad de Piedra, pues su composición no corresponde al suelo de la zona donde se encuentra, sino al de otra que está a 10 kilómetros de distancia. Por eso es la piedra más grande jamás desplazada por los humanos. Ahí hay una tumba (Tumulus) de 140 metros y una recámara con una roca horizontal –Dolmen– como techo.


lunes, 20 de febrero de 2017

Noruega se enchufa al siglo que viene

El país escandinavo, aupado tradicionalmente por una fuerte industria petrolera, reforma ahora sus leyes para convertirse en una sociedad más verde, más digital y más laica

Noruega piensa ya en el siglo XXII. El país escandinavo está llevando a cabo políticas que lo colocan en la entrada de una era más digital, más laica y aún más verde. El Ejecutivo conservador de Erna Solberg empezó el año con tres fuertes objetivos; separar a la Iglesia del Estado, eliminar los coches de combustión fósil a partir de 2025 y apagar la histórica radio FM para retransmitir en una banda 100% digital. “Está en nuestro ADN dejar a las generaciones futuras las cosas en mejores condiciones de las que las recibimos”, defiende Inger Solberg, directiva de Innovation Norway (IN), la agencia pública que invierte 400 millones de euros anuales en sostenibilidad.
El silencio de la nieve es especial en Oslo, la capital de este país de cinco millones de habitantes. Pero hay algo más en la atmósfera que ese sigilo y esa especie de recogimiento luterano: los coches no hacen ruido. Noruega se ha puesto el ambicioso objetivo de acabar con la compraventa de coches diésel y gasolina en 2025 para fomentar los vehículos eléctricos e híbridos. “Es perfectamente realista”, asegura a EL PAÍS Vidar Helsegen, ministro de Medio Ambiente. Uno de cada tres coches ya tiene interruptor, desvela Christina Bu, secretaria general de la asociación nacional de coches eléctricos. 
Como país productor de petróleo (40% del PIB), las cuentas noruegas sufrieron un fuerte golpe con la crisis que el sector atravesó entre 2014 y 2016 con motivo de una “empinada” caída del precio del crudo. El país “no puede vivir del petróleo” por mucho más tiempo, se resigna Helsegen. Y llegados a este punto, los noruegos sufrieron “un cambio de mentalidad”, ilustra por su parte Solberg que, junto a la embajada del país en España, invitó a este periódico.
Ese giro se refleja en las calles de Oslo (610.000 habitantes), donde una inmensa cantidad de coches sustituye el ruido del tubo de escape por un leve murmullo de baterías. En una de las calles del centro se agolpan los conductores para poder cargar sus coches durante unas horas. “Noruega está de diez a cinco años por delante del resto del mundo”, defiende Christina Bu frente a un Buddy, el único coche de fabricación noruega y, por supuesto, eléctrico. La cuota de mercado de vehículos con enchufe fue del 30% en 2016. Y subiendo, muy a pesar de la “oposición tradicional”, aquellas personas que compraron coches diésel “convencidas [por las autoridades] de que contaminaban menos”, reprocha Arne Melchior, del Instituto Noruego de Asuntos Internacionales (Nupi).
En un contexto en el que el partido del Progreso (Fremskrittspartiet), de extrema derecha y miembro del Gobierno de coalición con los conservadores, pierde escaños estrepitosamente, esta se perfila como una iniciativa política que defiende como modo de recuperar la popularidad de cara a las elecciones de septiembre ante una población que exige mejores medios de transporte, opina Indra Øverland, experto en energía y clima de Nupi.
Esta paulatina independencia del crudo, sumada a los acuerdos de París de 2015 —reducir las emisiones en un 40% para 2030— han llevado a Noruega a “la era postpetróleo”, según Bu. Y el motivo de la popularidad de estos vehículos en Noruega (en 2016 se agotaron las 100.000 matrículas con el distintivo EL que los identifican como eléctricos) es puramente económico; exención del IVA (25%), del impuesto de matriculación, del pago de peajes y de aparcamiento. “Es un esquema [de ayudas] muy generoso”, presume Helsegen. Y cuesta encontrar opositores a estos atractivos.
En Oslo los elegantes y lujosos Teslas invaden las vías como en ninguna otra capital europea, pero también otros modelos más modestos y silenciosos. Slavko Vitkovic, de 37 años, tiene un Nissan eléctrico y asegura lacónico, cualidad generalizada en sus convecinos, que su vehículo “es mucho mejor y mucho más barato”. Cae la nieve con fuerza y este hombre de 37 años invita a sentarse en el asiento del conductor para apreciar las bondades del vehículo mientras se carga en una de las estaciones frente al majestuoso Ayuntamiento color ocre.

Un 'apagón' en las radios
El tipo de música que escuchan Vitkovik y su amigo Nenad Balog en el coche es “increíble”, comentan bajo la ventisca. En otro paso hacia una era más tecnológica, Noruega será este año el primer país del mundo en dejar atrás la Frecuencia Modulada para retransmitir en una banda 100% digital (DAB). Ya son dos (Nortland y Trondheim) —de seis— las regiones que han apagado sus transistores. “La radio necesita renovarse”, subraya Ole Jørgen Torvmark, directivo de las radios digitales de Noruega. Suiza (2020-2024), Reino Unido (2017) y Dinamarca (2018) estudian ya su particular apagón.

La mayor ventaja que ha encontrado el país dejando atrás la FM es que; uno, se podrá alquilar o vender la vieja frecuencia a compañías telefónicas, servicios de inteligencia o, incluso, la OTAN; y dos, los canales en DAB se han multiplicado por cuatro. "Los hábitos mediáticos de los ciudadanos están cambiando rapidísimo. Hay mucha proyección de crecimiento", asegura Hagerup. Anécdota curiosa es la pasión que ha mostrado un gran número de oyentes hacia la música country gracias a un canal especializado. "Todo va muy bien", zanja el director adjunto del grupo de radio privado más potente del país, Anders Opsahl.
Las reticencias de los ciudadanos a apagar sus transistores de toda la vida vienen, en su mayoría, por la falta de compatibilidad de los vehículos con las radios DAB. Para ellos hay que instalar un adaptador especial en el coche que cuesta unas 700 coronas (78,85 euros) que no financia el Gobierno, llevar el coche a un taller para instalarlo o bien cambiar todo el sistema de radio. En las casas, sin embargo, no hay mayor problema. "Siete de cada diez hogares ya están digitalizados", sostiene Hagerup mientras juega con un transistor 100% digital que cuesta alrededor de 200 euros. "Ofrece también la previsión meteorológica", sonríe.


viernes, 10 de febrero de 2017


Un mercader de Bagdad mandó a su sirviente al bazar a comprar víveres y el hombre regresó aterrado y le dijo: 
- "Amo, en la plaza del mercado tropecé con un extraño y cuando le miré a la cara, descubrí que era la Muerte. Me hizo un gesto amenazador y desapareció. Tengo miedo, préstame un caballo para huir a Samarra lejos de la muerte".
El mercader le dio su caballo más veloz, y el hombre subió a él y desapareció en un santiamén.
Entonces el mercader se dio una vuelta por el bazar y vio a la Muerte entre la multitud, se acercó y le dijo: 
- "Le hiciste un gesto amenazador a mi sirviente. ¿Por qué lo asustaste, qué quisiste decir?".
- "No fue ninguna amenaza -dijo la Muerte- fue un gesto de sorpresa por verlo acá en Bagdad ya que esta noche tengo una cita con él en Samarra"